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Tag Archives: Nelson A. Denis

Cuña de un mismo palo

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¿Cuánto más le tomará al cineasta Nelson Denis dar el salto a Cuba?…

 

Me lanza lodo apologeta de Nelson Denis

El ciudadano presuntamente puertorriqueño Eduardo Alberto González-¿? sale en defensa del político neoyorkino Nelson Denis ante las fundamentadas críticas que como escritor he hecho del contenido de su libro y, aunque indica en su página de Facebook ser una persona con especializada formación académica universitaria, recurre a ello mediante la vulgar técnica del lanzamiento de lodo.

A Eduardo no sólo le disgusta mi selección del contenido hacia el cual llamo la atención de los lectores, sino que me condena por haber sido premiado para estudiar en la Universidad de Fordham con una beca de la Fundación Rockefeller, entidad que yo mismo luego expuse ante el mundo como una de las encubridoras de los asesinatos que cometió en Puerto Rico el asesino en serie Cornelius P. Rhoads. Opta el defensor de Denis por omitir el hecho de que yo mismo di a conocer –en la contraportada de uno de mis libros sobre el caso– que esa Fundación me otorgó una beca a través de Aspira de América, Inc. cuando todavía no sabía yo del papel de la Fundación en el caso Rhoads. De ese modo, Eduardo deja la impresión de que es un dato secreto que él y los suyos acaban de descubrir. (Lo que no he publicado hasta este momento es que obtuve esa beca como resultado de competir con miles de solicitantes de P. R. y todas las provincias de Estados Unidos).

Cuando expuse ese caso y a sus encubridores en febrero de 1982 por medio de la Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Nelson Denis ya era abogado, pero guardó silencio a pesar de que el asunto fue noticia en el diario Daily News de la ciudad de Nueva York, donde nació, se crió y estudió. Ahora en el 2015, Nelson Denis volvió a dejar afuera a esa Fundación en el libro que Eduardo defiende con sus bajunos ataques personales. Por supuesto, es comprensible que Denis guarde silencio, pues se trata de una muy influyente entidad con sede en esa ciudad donde él se desempeña como político electoral.

Por carecer de argumentos de persona inteligente con los cuales refutar mis señalamientos en torno al contenido del notorio libreto de Denis, Eduardo recurre a catalogarme de “vago profesional”. Si él se refiera a los años de desempleo que tuve como consecuencia de la persecución política de la que fuimos víctimas tantos independentistas, resulta evidente que le queda mucho que aprender sobre la historia política de nuestra patria durante las décadas entre los 60 y los 90. Por otra parte, si dedicarse alguien a escudriñar documentos viejos y a entrevistar de verdad a fuentes confiables a las que luego cita e identifica y a compartir por todos los medios posibles los hallazgos de sus investigaciones es ser “vago profesional” no hay duda de que lo soy.

Desconoce Eduardo Alberto González-¿? los resultados que trajo mi investigación del caso Rhoads. “¿Qué resultados reales trajo la investigación de Rhoads por Aponte-Vazquez?” se pregunta retóricamente. Algunos resultados, Eduardo, fueron el conocimiento que del mismo tienen hoy día miles de personas, incluyendo a aquellas que insisten en hacer creer que ese asesino no cometió los asesinatos que confesó. El propio Denis se nutrió de mis investigaciones. Además, corre de boca en boca mi teoría de que Rhoads fue el autor intelectual de la muerte de Albizu, asunto que llevé ante la ONU en 1984 y traje ante la opinión pública nacional. (Por cierto, ¿qué hizo o siquiera dijo sobre eso Denis?) Ambos asuntos son hoy de conocimiento internacional gracias a que los desenterré y a duras penas los publiqué. De no ser por mis investigaciones, Eduardo, ni tú ni tu amigo siquiera mencionarían a Rhoads ni la irradiación de Albizu.

Finalmente, el hecho de que ni Rhoads ni la Fundación “pagaron” por sus crímenes se debe a la conspiración que surgió para su encubrimiento y a la renuencia del secretario de justicia de Puerto Rico de seguir adelante con la investigación luego de que por solicitud y a insistencias mías reabrió el caso cuando todavía vivía uno de los cómplices.

Fallaste, Eduardo; tu lodo no me alcanza.

El otro Nelson

Hace poco más de un siglo nos invadió Nelson Miles dizque para liberarnos del imperio español y traernos las bendiciones de su democracia. Ahora nos invade un libro de otro Nelson cuyo propósito nos dice que es el de rescatarnos de la profunda ignorancia de nuestra Historia; ilustrarnos; revelarnos con su humildad y generosidad todo lo que, vilmente, nadie se había ocupado de decirnos. Como Pueblo, en uno y otro momento nos hemos creído eufóricos el cuento.

¿Guerra contra quién?

© 2015 Pedro Aponte Vázquez

Me sorprende que el libro War Against all Puerto Ricans, haya sido defendido “con uñas y dientes” por personas que ni siquiera lo han leído y hasta por otras que están conscientes de las falacias, exageraciones y verdades a medias que narra y describe, así como del hecho de que el autor difama al líder Nacionalista Pedro Albizu Campos. Tal vez en la Academia habrá estudiantes y profesores que estudiarán este acontecimiento como un monumental fenómeno de mercadeo, de relaciones públicas y de abierta y eficaz manipulación de los medios de comunicación masiva.

Si fuera la trama de una novela basada en un puñado de hechos históricos distorsionados, podríamos afirmar que don Pedro Albizu Campos es el protagonista y el gobierno estadounidense es el antagonista con numerosos personajes secundarios que no por ello dejan de ser importantes. Por otra parte, si el autor intentó escribir una auténtica obra de historiografía sobre la invasión y ocupación militar de Puerto Rico y la resistencia armada del Partido Nacionalista, es forzoso concluir que no reúne las condiciones indispensables de la rigurosa narración histórica que nos anticipó.

Nelson A. Denis, un político de Nueva York que fue asambleísta estatal durante cuatro años y perdió su escaño en el 2000, mercadea un libro de historia para el cual nos dice que estuvo haciendo acopio de datos nada menos que durante 40 años. Nos dice Denis, nacido el 10 de septiembre de 1954 en Nueva York de padre cubano y madre boricua, que además de leer una gran diversidad de fuentes historiográficas, examinó el expediente que el FBI mantuvo sobre Albizu y entrevistó a muchos Nacionalistas y a veteranos del Regimiento 65 de Infantería. Su interés en escribir el libro dice él que surgió luego de conocer en Caguas, Puerto Rico, a un pariente suyo que le dijo haber sido “guardaespaldas” de Albizu.

Quienes hemos dedicado largos años a estudiar a Albizu y el Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador mediante el examen de documentos, muchas veces originales, además de entrevistas personales, sabemos que no han sido pocas las personas que han alegado ser guardaespaldas, choferes, barberos, y hasta custodios del prócer sin mostrar prueba documental alguna y sin que sus alegaciones hayan podido ser corroboradas por otros medios. El Denis aceptar como un hecho lo que le dijo su pariente sin pedirle ni obtener prueba alguna carecería de importancia si no fuera porque luego vemos que ese es su modo no sólo de entrevistar, sino también, de narrar el producto de sus entrevistas.

Desde luego que la historia oral puede ser un valioso recurso de investigación histórica cuando no existen o no están accesibles genuinas fuentes documentales. Este autor no sólo la ha utilizado, sino que estableció por propia iniciativa un Centro de Historia Oral en la Universidad Politécnica de Puerto Rico, donde laboró. No obstante, es preciso que quien investiga se asegure de que sus fuentes son personas de alta credibilidad en cuyas vivencias existan indicios fehacientes de que conocen a fondo el asunto sobre el cual informan. En War Against all Puerto Ricans, el autor utiliza ese recurso, pero no nos dice quiénes son las personas que entrevistó, por qué las considera fuentes fidedignas, ni dónde, ni cuándo hizo las entrevistas. Por supuesto, es razonable omitir el nombre de la fuente que uno como autor cita si la persona entrevistada requiere de antemano permanecer en el anonimato como condición para dar la información, pero ese no fue el caso con las muchísimas personas a las que Denis dice haber entrevistado.

Hay otras serias deficiencias. Son numerosas las notas bibliográficas que no responden al texto al cual están vinculadas las llamadas en el cuerpo del libro o en las que la fuente mencionada no es la correcta. No es prudente enumerarlas en este limitadísimo espacio, de modo que mencionaré sólo algunos ejemplos que no son necesariamente los más elocuentes, sino los que de pronto pude corroborar.

En la nota # 20, pág. 333, el autor ofrece como ficha bibliográfica la Revista Verdad, edición de febrero de 1953, Núm. 8, Año I, pero si usted busca ese número de la Revista, no encuentra el reportaje aludido, pues el año correcto es el II. Algo parecido sucedería en relación con la nota Núm. 5, en la pág. 333, Pedro Aponte Vázquez, Yo acuso y lo que pasó después. (Bayamón, P. R.: Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., 1985, 41). El 41 se refiere a la página del libro a la cual alude la nota, pero la edición del libro con ese título no la publicó el Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., por lo que, si usted busca la página 41 no encontrará la información correspondiente. Esa organización publicó solamente el libro titulado ¡Yo acuso!: Tortura y asesinato de don Pedro Albizu Campos. Luego ha habido varias ediciones con el mismo título y varias más con el subtítulo “Y lo que pasó después”, pero en la página 41 no hay texto o el que hay no corresponde a la mencionada nota Núm. 5.

Además, para algunos datos el autor provee como referencia el expediente del FBI y, aunque menciona la carpeta donde se supone que están los mismos, no dice quién origina el documento, la fecha, el asunto y a quién o quiénes va dirigido. En lugar de proveer esos datos que facilitarían la localización del documento, Denis provee el número de la carpeta, seguido de un número que el lector interpretará como número de página. Por ejemplo, en la nota 25 de la pág. 334, el autor refiere al lector a la “Carpeta Núm. VIII, 66-67”; es decir, las páginas de la 66 a la 67 de esa Carpeta. El problema es que ese expediente no está organizado a base de páginas consecutivas, como las de un libro, sino a base de documentos individuales. Algunos documentos, sí pueden contener más de una página (en cuyo caso conviene decir cuántas son), pero el lector necesita saber de qué tipo de documento se trata y de qué fecha y quién lo envía y a quién y hasta sobre qué asunto, para poder encontrarlo. La deficiencia señalada causa la impresión de que la persona que redactó el texto no sabe cómo está organizado el citado expediente y, peor aún, le impide al lector verificar la procedencia de la información.

Además de esas notas bibliográficas no ser de utilidad, el autor hace sorprendentes afirmaciones que los lectores confiados aceptarán como hechos constatados sin saber si lo son o no a menos que, por ser estudiosos de los sucesos específicos o de los personajes históricos o por alguna otra razón, sepan si tales afirmaciones son verídicas o si carecen de veracidad. Veamos algunos ejemplos sin pretensión alguna de ser exhaustivo:

  1. En relación con el título mismo del libro el autor provee un dato falso y rehúsa admitirlo. Durante sus entrevistas comenzó a decir que el título se basa en declaraciones del coronel E. Francis Riggs, a los efectos de que habría “guerra a muerte contra todos los puertorriqueños”, lo cual sabe que es falso. Riggs dijo que habría “guerra, guerra sin cesar, no contra políticos, sino guerra contra criminales”. (Vea: La Democracia, 26 oct 1935). La noticia comienza en la página de portada y termina en la página 8. Al final de la información en la página 1, se alude a las declaraciones del coronel y jefe de la Policía de Puerto Rico Elisha Francis Riggs, pero las mismas comienzan y terminan en la página de continuación, la 8).
  2. En el prefacio de su libro Denis ofrece datos contradictorios sobre lo que supuestamente le sucedió a su padre cuando él era niño. Luego, durante la propaganda de su libro, adopta una de las versiones, a saber: Que “eran las 3:00 de la mañana de un día de octubre de 1962 cuando agentes del FBI tocaron a la puerta del edificio 600 de la calle 161 en que vivía con su familia en Washington Heights. Arrestaron a su padre, un operador de elevador admirador de la revolución cubana, por supuesto espionaje político. Sin audiencia o juicio, Antonio Denis Jordán fue deportado a La Habana”. (El Nuevo Día entrevista a Nelson Denis, 18 mayo 2015). Este dato es falso, pues Antonio Denis Jordán no fue arrestado ni deportado, sino que abandonó el país espontáneamente. (Vea http://archive.org/…/annu…/annualreportofim1963unit_djvu.txt).
  3. En las páginas 129-130, además de poner a Albizu a arrastrarse por el piso para luego aceptar ser objeto de una broma vulgar y ser parte de la misma, al autor nada le importó que don Pedro nunca tomaba bebidas alcohólicas y aquí dice que cuando éste se sentaba en la barbería Salón Boricua para recortarse “se daba un palo de ron”.
  4. Familiares de José (Águila Blanca) Maldonado, incluyendo a su nieta, la escritora Margarita Maldonado Colón, afirman desconocer que éste fuera el dueño de la barbería Salón Boricua y que se la hubiera traspasado a Vidal Santiago. Además, aseguran que no murió allí, sino en su hogar. (Artículo de Maldonado Colón en el archivo de este autor).
  5. No concuerdan con la realidad algunas afirmaciones de Denis sobre el patriota Vidal Santiago. Según información que un estudioso de la vida de Albizu y de otros Nacionalistas obtuvo de fuentes bien informadas, “el papá de Vidal no murió en el cañaveral ni fue Lector para los obreros ni fue a Ybor City en la Florida; Vidal no obtuvo un diploma de Escuela Superior; no había ningún hueco o escondite entre la barbería y su casa familiar al lado; Vidal no bebía ni Don Pedro; Águila Blanca no le dejó esa propiedad a Vidal ni murió en el Salón Boricua ni escribió un libro sobre la barbería.”. (Edwin Rosario, citado en Iris Zavala Martínez, “Observaciones acerca de War Against All Puerto Ricans de Nelson Denis”, enviado por correo electrónico, 1ro jul 15).
  6. En la página 164, Denis afirma que en septiembre de 1930 el doctor Cornelius Rhoads le inyectó a Maldonado algo que le causó el cáncer de la garganta del cual en efecto murió. No obstante, para esa fecha Rhoads no estaba en Puerto Rico, pues llegó en junio de 1931. (Pedro Aponte Vázquez, “Necator Americanus: O sobre la fisiología del caso Rhoads”. Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Vol. 43, Núm. 1, febrero, 1982, págs. 117-142). A propósito del doctor Rhoads, estimula la curiosidad el que solamente le dedica una página a ese caso y sobre él dice que era “un nuevo médico” del Hospital Presbiteriano. Omite el hecho de que la notoria e influyente Fundación Rockefeller, con sede en la Ciudad de Nueva York, lo envió a San Juan con otros médicos a experimentar con mujeres, hombres y niños y que tomó parte activamente en el encubrimiento de los asesinatos que Rhoads confesó.
  7. En la Nota # 24 del capítulo 21, “Atomic Lynching”, pág. 333, la que continúa en la pág. 334, el autor dice que la señora Herminia Rijos, quien visitó a Albizu en su lugar de residencia en la esquina de las calles Del Sol y De La Cruz, lo había visitado en la cárcel La Princesa y que era amiga de la familia del prócer. Ni lo uno ni lo otro es correcto. Entrevisté a la señora Rijos en su residencia y me dijo que fue a verlo en su lugar de residencia porque, por haber sido esposa de un Nacionalista, sabía de las quejas de Albizu y “tenía curiosidad”. Del documento al que Denis alude, del cual Reynolds me proveyó copia, no se desprende que Rijos visitara a Albizu en La Princesa ni que fuera amiga de su familia. (Vea: Testimonio de Herminia Rijos en NY, 1 feb 54, sobre su visita a Albizu en 1953 (en inglés) sobre quemaduras en todo el cuerpo, Colección Pedro Aponte Vázquez-Judith Ortiz Roldán, Archivo de la Fundación Luis Muñoz Marín (FLMM), Caja 1, cartapacio Núm. 101) Le di esta información luego a Sylvia Gómez en ocasión de entrevistarme el 4 de julio 1985 en mi residencia para el documental televisivo al cual Denis alude en esa misma nota (grabación audio de nuestra conversación en la Colección Puertorriqueña, Biblioteca Lázaro, UPR, Río Piedras y en FLMM).
  8. Es curioso que, además, Denis omitió importantísimos datos, como lo son los pertinentes a Braverman vs. United States (317 U. S. 49). Nadie que conozca al Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador con razonable profundidad y haya examinado detenidamente el expediente del FBI sobre Albizu, puede evitar percatarse de las significativas implicaciones legales e históricas de la opinión del juez presidente de la corte suprema de Estados Unidos Harlan Stone en ese histórico caso ―aun sin haber estudiado Derecho, contrario a Denis (http://pedroapontevazquez.com/opinion-de-un-constitucionalista-sobre-braverman-vs-united-states/). Las mismas afectaron directamente a Albizu e indirectamente el subsiguiente desarrollo de nuestra historia política, pues la opinión de Stone fue la causa de que Albizu pudiera salir de la cárcel de Atlanta sin aceptar condiciones, permanecer en Nueva York a su antojo y regresar cuando lo estimó prudente, todo ello sin que el Juez Robert Cooper le revocara la libertad condicional de cuatro años que le impuso sobre los seis de prisión. (Pedro Aponte Vázquez, Pedro Albizu Campos: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 1991 y Albizu: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 2,000. Ed. ampliada).

Colma la copa la afirmación de Denis de que en nuestra patria no hubo resistencia a la invasión del 98. En fin, para bien de todas las partes interesadas, el autor haría bien en revisar minuciosamente este libro y corregir las fallas que se le han señalado públicamente y en privado antes de que se le traduzca al español y de que salga su tirada en inglés en rústica. #

Nota del autor: Esta versión contiene algunas modificaciones de estilo. Artículo publicado originalmente en el semanario Claridad, suplemento “En Rojo”, págs. 14-15, 16-22 julio, 2015.

An insulting letter from organicfarm.net regarding Nelson Denis’s book

I have received the following letter from an ignorant reader who has written on behalf of www.organicfarm.net, but who does not identify him or herself:

Pedro,

I read with interest your review about Nelson Denis’ WAAPR.

I am always in favor of constructive criticism. Unfortunately, your
comments lacked any positive sentiment whatsoever. Your criticisms also
lacks evidence, and you don’t shy away from insulting everyone who
disagrees with you. All of these anomalies have one thing in common:
they have nothing to do with constructive criticism.

Fortunately, Nelson Denis’ book will have a major impact on pretty much
anyone who will read it. The essence of it’s content is clear,
self-evident and un-refutable.

If I were you, I would feel ashamed for the public ad hominem attack of
such an important piece of literature and an author who has worked
diligently to bring out the truth. If you would have any integrity at
all, you would have disclosed your doubts to him in private. But you
preferred to not contain your envy and you attacked him publicly.
Needless to say that this will happen to you from now onward for the
rest of your life: people will remember your unprofessional public
review of Nelson’s book and they will let you know what they feel/think
about you.

You claim several things in your comment, and not a single one of your
claims is backed up in any way. No wonder why most readers consider your
comments to be envious.

The historical facts surrounding E. Francis Riggs are crystal clear: he
was a violent U.S. nationalist who not only hated Puerto Ricans but
anyone whom he could not control. His career consisted of oppressing,
intimidating, torturing and murdering people – even long before he was
appointed Chief of Police PR in 1933. Rigg’s expected role was to murder
whoever opposed U.S. dictatorship, and his murders in Nicaragua, amongst
other places, made him “qualified” to cause terror in PR. And this is
the person you defend by doubting his saying “WAAPR”?

Although Rigg’s track record perfectly matches the quote, you provide no
evidence that he never uttered the infamous sentence quoted by N. Denis.
Where is your evidence? If anyone doubts your unfounded and
unsubstantiated criticism, you just lash out at them. But if you read
your own comments again, you will find that you didn’t offer a single
proof of any of your claims.

Overall, the tone of your comment is just sour grapes and envy, with
absolutely no positive intent. This is the main message most people will
read whenever they will read your “review” of WAAPR.

What is also disturbing is that you not only offend the author of WAAPR,
you also offend all those free thinkers and historians who DO embrace
the book.

If you would be sincere or professional, you would either publicly
apologize (which I am sure you can’t because your pride won’t allow you
to do so) or you would make a summary of your claims and bring them all
up to the author in private. But you don’t have enough character to do
so, so you lash out in public. Do you ever realize how much arrogance
and envy you have in your heart? How would you feel if people would
start to discredit you in public the way you discredited Nelson Denis
and anyone who considers his book to be excellent?

Contrary to yet another of your false and unethical accusations, some
minor or supposed discrepancies of WAAPR were brought to the attention
of the author, and he indeed publicly mentioned that he would consider
all critiques and make sure to correct whatever may need to be corrected
in his next edition and/or the Spanish version. Although your accusation
is clearly false, and there is recorded public evidence (which you could
find within minutes if you would really care) of Nelson Denis’ open ear
to constructive criticism, you still prefer to not see this truth or
reality. Can’t wake a man who’s pretending to sleep… or determined to
remain unethical and envious!

Although my work of activism is primarily through the medium of
agriculture and I usually avoid political issues by all means, your
comments inspired me to promote Nelson Denis’ book. For that I thank
you. There is no doubt in my mind that this book will have more impact
than any other PR history book ever written, and the more you will spit
at it, the more people will spit at you.

Regards,
Sadhu
www.organicfarm.net

This anonymous person concludes that, because I defend truth by pointing out that E. Francis Riggs didn’t say something that Nelson Denis affirms that he said, I’m thus defending Riggs.

Furthermore, that person insults me for publicly calling the attention of readers to some of the many errors in Denis’s book as is my duty as a historian specialized in some of the aspects the book covers. As a matter of fact, Denis obtained data from some of my books and from those of others who have also pointed out errors publicly.

I abstain from insulting that shy person back ―at least, for the time being― because I’m sure that such behavior is due to stark ignorance. In turn, I rather submit the following pieces of evidence in support of the historical facts regarding Riggs’s actual expressions:

http://pedroapontevazquez.com/e-francis-riggs-y-la-masacre-de-rio-piedras-1935/

 

Me pregunto, 1

¿Qué propósito habrá animado al autor de War Against all Puerto Ricans a decir en ese libro que don Pedro Albizu Campos bebía ron?

Opinión de un constitucionalista sobre Braverman vs. United States

Por si Nelson Denis y los admiradores de su libro optan por dudar de que Braverman vs. United States tenga la importancia jurídica e histórica que le atribuyo, veamos lo que me dijo sobre el mismo el fenecido profesor de Derecho constitucional, distinguido constitucionalista y ex juez asociado del tribunal supremo de Puerto Rico Raúl Serrano Geyls en 18 de agosto de 1999 en respuesta a una consulta que le cursé el anterior 8 de junio. En la misma le mencionaba la opinión de la Corte Suprema de Estados Unidos y le preguntaba, “cuándo ―o al menos, para qué época― es que el Tribunal Supremo de Puerto Rico viene a tener conocimiento de la referida opinión. Dentro de ese contexto me pregunto si ya en Puerto Rico se sabía de la opinión allá para los años de 1951 y 52, cuando Albizu fue acusado y declarado culpable de doce casos de conspiración, por los que recibió sentencias consecutivas”. Luego de recuperarse de “serios percances de salud”, me dijo textualmente el profesor Serrano Geyls:

He leído el caso Braverman, el cual no conocía. No recuerdo que fuera citado por el Tribunal Supremo de Puerto Rico o por los tribunales federales en relación con los asuntos de Puerto Rico. No puedo medir los efectos de esa sentencia en las cuestiones jurídicas planteadas en los casos de los patriotas puertorriqueños con la precisión necesaria y en las circunstancias en las que me encuentro no me es posible estudiarlas. Me doy cuenta de su importancia histórica y jurídica y me alegra saber que usted las examinará a fondo.

Le deseo mucho éxito en sus investigaciones.

Cordialmente,

Raúl Serrano Geyls (firmado)

Serrano Geyls, Raúl, carta de, 18 agosto 1999, editada

 

Antonio Denis Jordán was not deported, according to the U. S. Government

According to the Annual Report of the U. S. Immigration and
Naturalization Service for 1963, he left the country upon
learning that he was the subject of investigation under suspicion
of being a Cuban G-2 agent:

 

“Investigation of Cuban refugees increased during this year. Under this pressure, a number of Cubans alleged to be subversive departed prior to the completion of the investigations. These included Jesus Alcala-Martinez and Vincent Luis Perez y Gonzalez, alleged propagandists for the Fair Play for Cuba Committee at Tampa, Fla. ; Antonio Denis- Jordan, suspected Cuban G-2 agent in New York City, and Ignacio Fernandez-Sanchez, an alleged Castro agent in Bridgeport, Conn.”


Quoted from:
http://archive.org/stream/annualreportofim1963unit/annualreportofim1963unit_djvu.txt

El “N-1”: Traidor de la patria

Simulado arresto del traidor Salvador González Rivera, el "N-1".

Ese que aparece con camisa de franjas y simulando que forcejea con agentes de espionaje político de la Policía, es el traidor de la patria Salvador González Rivera, cuyo nombre de clave como informante de la Policía era “N1” (Colección El Mundo, UPR).

Salvador González, carta de Roig a LMM, 1ro feb 54Salvador González, carta de LMM, 1ro feb 54, pág. 2