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Tag Archives: Fundación Rockefeller

Mi visita al Archivo Central de la Fundación Rockefeller

Vista parcial del edificio que alberga (o albergaba para 1979) al Centro de Archivos de la notoria Fundación Rockefeller en Hillcrest, Pocantico Hills, North Tarrytown, N.Y. Allí localicé en aquella época numerosos y muy valiosos documentos pertinentes a los asesinatos que el Dr. Cornelius Packard Rhoads confesó haber cometido en Puerto Rico en 1931, asunto sobre el cual he escrito extensamente desde entonces. El Mago de las Falacias no estuvo allí durante sus 40 años de investigación –y después tampoco– según se deduce de su libro. A la derecha, la factura que me sometió el Archivo por las copias que obtuve de los documentos.

En esa ocasión me acompañaron Judith Ortiz Roldán y el Prof. Antonio Nadal, de Brooklyn College, City University of New York. Fue Antonio quien gustosamente nos transportó en su vehículo y disfrutó de aquel proceso. Creo que todavía, al recordarlo, lo disfruta.

Archivo Fundn Rockefeller, NYfactura del Archivo Rockefeller, 30 julio 1980

Me lanza lodo apologeta de Nelson Denis

El ciudadano presuntamente puertorriqueño Eduardo Alberto González-¿? sale en defensa del político neoyorkino Nelson Denis ante las fundamentadas críticas que como escritor he hecho del contenido de su libro y, aunque indica en su página de Facebook ser una persona con especializada formación académica universitaria, recurre a ello mediante la vulgar técnica del lanzamiento de lodo.

A Eduardo no sólo le disgusta mi selección del contenido hacia el cual llamo la atención de los lectores, sino que me condena por haber sido premiado para estudiar en la Universidad de Fordham con una beca de la Fundación Rockefeller, entidad que yo mismo luego expuse ante el mundo como una de las encubridoras de los asesinatos que cometió en Puerto Rico el asesino en serie Cornelius P. Rhoads. Opta el defensor de Denis por omitir el hecho de que yo mismo di a conocer –en la contraportada de uno de mis libros sobre el caso– que esa Fundación me otorgó una beca a través de Aspira de América, Inc. cuando todavía no sabía yo del papel de la Fundación en el caso Rhoads. De ese modo, Eduardo deja la impresión de que es un dato secreto que él y los suyos acaban de descubrir. (Lo que no he publicado hasta este momento es que obtuve esa beca como resultado de competir con miles de solicitantes de P. R. y todas las provincias de Estados Unidos).

Cuando expuse ese caso y a sus encubridores en febrero de 1982 por medio de la Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Nelson Denis ya era abogado, pero guardó silencio a pesar de que el asunto fue noticia en el diario Daily News de la ciudad de Nueva York, donde nació, se crió y estudió. Ahora en el 2015, Nelson Denis volvió a dejar afuera a esa Fundación en el libro que Eduardo defiende con sus bajunos ataques personales. Por supuesto, es comprensible que Denis guarde silencio, pues se trata de una muy influyente entidad con sede en esa ciudad donde él se desempeña como político electoral.

Por carecer de argumentos de persona inteligente con los cuales refutar mis señalamientos en torno al contenido del notorio libreto de Denis, Eduardo recurre a catalogarme de “vago profesional”. Si él se refiera a los años de desempleo que tuve como consecuencia de la persecución política de la que fuimos víctimas tantos independentistas, resulta evidente que le queda mucho que aprender sobre la historia política de nuestra patria durante las décadas entre los 60 y los 90. Por otra parte, si dedicarse alguien a escudriñar documentos viejos y a entrevistar de verdad a fuentes confiables a las que luego cita e identifica y a compartir por todos los medios posibles los hallazgos de sus investigaciones es ser “vago profesional” no hay duda de que lo soy.

Desconoce Eduardo Alberto González-¿? los resultados que trajo mi investigación del caso Rhoads. “¿Qué resultados reales trajo la investigación de Rhoads por Aponte-Vazquez?” se pregunta retóricamente. Algunos resultados, Eduardo, fueron el conocimiento que del mismo tienen hoy día miles de personas, incluyendo a aquellas que insisten en hacer creer que ese asesino no cometió los asesinatos que confesó. El propio Denis se nutrió de mis investigaciones. Además, corre de boca en boca mi teoría de que Rhoads fue el autor intelectual de la muerte de Albizu, asunto que llevé ante la ONU en 1984 y traje ante la opinión pública nacional. (Por cierto, ¿qué hizo o siquiera dijo sobre eso Denis?) Ambos asuntos son hoy de conocimiento internacional gracias a que los desenterré y a duras penas los publiqué. De no ser por mis investigaciones, Eduardo, ni tú ni tu amigo siquiera mencionarían a Rhoads ni la irradiación de Albizu.

Finalmente, el hecho de que ni Rhoads ni la Fundación “pagaron” por sus crímenes se debe a la conspiración que surgió para su encubrimiento y a la renuencia del secretario de justicia de Puerto Rico de seguir adelante con la investigación luego de que por solicitud y a insistencias mías reabrió el caso cuando todavía vivía uno de los cómplices.

Fallaste, Eduardo; tu lodo no me alcanza.