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Tag Archives: Cornelius Rhoads

Mi visita al Archivo Central de la Fundación Rockefeller

Vista parcial del edificio que alberga (o albergaba para 1979) al Centro de Archivos de la notoria Fundación Rockefeller en Hillcrest, Pocantico Hills, North Tarrytown, N.Y. Allí localicé en aquella época numerosos y muy valiosos documentos pertinentes a los asesinatos que el Dr. Cornelius Packard Rhoads confesó haber cometido en Puerto Rico en 1931, asunto sobre el cual he escrito extensamente desde entonces. El Mago de las Falacias no estuvo allí durante sus 40 años de investigación –y después tampoco– según se deduce de su libro. A la derecha, la factura que me sometió el Archivo por las copias que obtuve de los documentos.

En esa ocasión me acompañaron Judith Ortiz Roldán y el Prof. Antonio Nadal, de Brooklyn College, City University of New York. Fue Antonio quien gustosamente nos transportó en su vehículo y disfrutó de aquel proceso. Creo que todavía, al recordarlo, lo disfruta.

Archivo Fundn Rockefeller, NYfactura del Archivo Rockefeller, 30 julio 1980

¿Guerra contra quién?

© 2015 Pedro Aponte Vázquez

Me sorprende que el libro War Against all Puerto Ricans, haya sido defendido “con uñas y dientes” por personas que ni siquiera lo han leído y hasta por otras que están conscientes de las falacias, exageraciones y verdades a medias que narra y describe, así como del hecho de que el autor difama al líder Nacionalista Pedro Albizu Campos. Tal vez en la Academia habrá estudiantes y profesores que estudiarán este acontecimiento como un monumental fenómeno de mercadeo, de relaciones públicas y de abierta y eficaz manipulación de los medios de comunicación masiva.

Si fuera la trama de una novela basada en un puñado de hechos históricos distorsionados, podríamos afirmar que don Pedro Albizu Campos es el protagonista y el gobierno estadounidense es el antagonista con numerosos personajes secundarios que no por ello dejan de ser importantes. Por otra parte, si el autor intentó escribir una auténtica obra de historiografía sobre la invasión y ocupación militar de Puerto Rico y la resistencia armada del Partido Nacionalista, es forzoso concluir que no reúne las condiciones indispensables de la rigurosa narración histórica que nos anticipó.

Nelson A. Denis, un político de Nueva York que fue asambleísta estatal durante cuatro años y perdió su escaño en el 2000, mercadea un libro de historia para el cual nos dice que estuvo haciendo acopio de datos nada menos que durante 40 años. Nos dice Denis, nacido el 10 de septiembre de 1954 en Nueva York de padre cubano y madre boricua, que además de leer una gran diversidad de fuentes historiográficas, examinó el expediente que el FBI mantuvo sobre Albizu y entrevistó a muchos Nacionalistas y a veteranos del Regimiento 65 de Infantería. Su interés en escribir el libro dice él que surgió luego de conocer en Caguas, Puerto Rico, a un pariente suyo que le dijo haber sido “guardaespaldas” de Albizu.

Quienes hemos dedicado largos años a estudiar a Albizu y el Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador mediante el examen de documentos, muchas veces originales, además de entrevistas personales, sabemos que no han sido pocas las personas que han alegado ser guardaespaldas, choferes, barberos, y hasta custodios del prócer sin mostrar prueba documental alguna y sin que sus alegaciones hayan podido ser corroboradas por otros medios. El Denis aceptar como un hecho lo que le dijo su pariente sin pedirle ni obtener prueba alguna carecería de importancia si no fuera porque luego vemos que ese es su modo no sólo de entrevistar, sino también, de narrar el producto de sus entrevistas.

Desde luego que la historia oral puede ser un valioso recurso de investigación histórica cuando no existen o no están accesibles genuinas fuentes documentales. Este autor no sólo la ha utilizado, sino que estableció por propia iniciativa un Centro de Historia Oral en la Universidad Politécnica de Puerto Rico, donde laboró. No obstante, es preciso que quien investiga se asegure de que sus fuentes son personas de alta credibilidad en cuyas vivencias existan indicios fehacientes de que conocen a fondo el asunto sobre el cual informan. En War Against all Puerto Ricans, el autor utiliza ese recurso, pero no nos dice quiénes son las personas que entrevistó, por qué las considera fuentes fidedignas, ni dónde, ni cuándo hizo las entrevistas. Por supuesto, es razonable omitir el nombre de la fuente que uno como autor cita si la persona entrevistada requiere de antemano permanecer en el anonimato como condición para dar la información, pero ese no fue el caso con las muchísimas personas a las que Denis dice haber entrevistado.

Hay otras serias deficiencias. Son numerosas las notas bibliográficas que no responden al texto al cual están vinculadas las llamadas en el cuerpo del libro o en las que la fuente mencionada no es la correcta. No es prudente enumerarlas en este limitadísimo espacio, de modo que mencionaré sólo algunos ejemplos que no son necesariamente los más elocuentes, sino los que de pronto pude corroborar.

En la nota # 20, pág. 333, el autor ofrece como ficha bibliográfica la Revista Verdad, edición de febrero de 1953, Núm. 8, Año I, pero si usted busca ese número de la Revista, no encuentra el reportaje aludido, pues el año correcto es el II. Algo parecido sucedería en relación con la nota Núm. 5, en la pág. 333, Pedro Aponte Vázquez, Yo acuso y lo que pasó después. (Bayamón, P. R.: Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., 1985, 41). El 41 se refiere a la página del libro a la cual alude la nota, pero la edición del libro con ese título no la publicó el Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., por lo que, si usted busca la página 41 no encontrará la información correspondiente. Esa organización publicó solamente el libro titulado ¡Yo acuso!: Tortura y asesinato de don Pedro Albizu Campos. Luego ha habido varias ediciones con el mismo título y varias más con el subtítulo “Y lo que pasó después”, pero en la página 41 no hay texto o el que hay no corresponde a la mencionada nota Núm. 5.

Además, para algunos datos el autor provee como referencia el expediente del FBI y, aunque menciona la carpeta donde se supone que están los mismos, no dice quién origina el documento, la fecha, el asunto y a quién o quiénes va dirigido. En lugar de proveer esos datos que facilitarían la localización del documento, Denis provee el número de la carpeta, seguido de un número que el lector interpretará como número de página. Por ejemplo, en la nota 25 de la pág. 334, el autor refiere al lector a la “Carpeta Núm. VIII, 66-67”; es decir, las páginas de la 66 a la 67 de esa Carpeta. El problema es que ese expediente no está organizado a base de páginas consecutivas, como las de un libro, sino a base de documentos individuales. Algunos documentos, sí pueden contener más de una página (en cuyo caso conviene decir cuántas son), pero el lector necesita saber de qué tipo de documento se trata y de qué fecha y quién lo envía y a quién y hasta sobre qué asunto, para poder encontrarlo. La deficiencia señalada causa la impresión de que la persona que redactó el texto no sabe cómo está organizado el citado expediente y, peor aún, le impide al lector verificar la procedencia de la información.

Además de esas notas bibliográficas no ser de utilidad, el autor hace sorprendentes afirmaciones que los lectores confiados aceptarán como hechos constatados sin saber si lo son o no a menos que, por ser estudiosos de los sucesos específicos o de los personajes históricos o por alguna otra razón, sepan si tales afirmaciones son verídicas o si carecen de veracidad. Veamos algunos ejemplos sin pretensión alguna de ser exhaustivo:

  1. En relación con el título mismo del libro el autor provee un dato falso y rehúsa admitirlo. Durante sus entrevistas comenzó a decir que el título se basa en declaraciones del coronel E. Francis Riggs, a los efectos de que habría “guerra a muerte contra todos los puertorriqueños”, lo cual sabe que es falso. Riggs dijo que habría “guerra, guerra sin cesar, no contra políticos, sino guerra contra criminales”. (Vea: La Democracia, 26 oct 1935). La noticia comienza en la página de portada y termina en la página 8. Al final de la información en la página 1, se alude a las declaraciones del coronel y jefe de la Policía de Puerto Rico Elisha Francis Riggs, pero las mismas comienzan y terminan en la página de continuación, la 8).
  2. En el prefacio de su libro Denis ofrece datos contradictorios sobre lo que supuestamente le sucedió a su padre cuando él era niño. Luego, durante la propaganda de su libro, adopta una de las versiones, a saber: Que “eran las 3:00 de la mañana de un día de octubre de 1962 cuando agentes del FBI tocaron a la puerta del edificio 600 de la calle 161 en que vivía con su familia en Washington Heights. Arrestaron a su padre, un operador de elevador admirador de la revolución cubana, por supuesto espionaje político. Sin audiencia o juicio, Antonio Denis Jordán fue deportado a La Habana”. (El Nuevo Día entrevista a Nelson Denis, 18 mayo 2015). Este dato es falso, pues Antonio Denis Jordán no fue arrestado ni deportado, sino que abandonó el país espontáneamente. (Vea http://archive.org/…/annu…/annualreportofim1963unit_djvu.txt).
  3. En las páginas 129-130, además de poner a Albizu a arrastrarse por el piso para luego aceptar ser objeto de una broma vulgar y ser parte de la misma, al autor nada le importó que don Pedro nunca tomaba bebidas alcohólicas y aquí dice que cuando éste se sentaba en la barbería Salón Boricua para recortarse “se daba un palo de ron”.
  4. Familiares de José (Águila Blanca) Maldonado, incluyendo a su nieta, la escritora Margarita Maldonado Colón, afirman desconocer que éste fuera el dueño de la barbería Salón Boricua y que se la hubiera traspasado a Vidal Santiago. Además, aseguran que no murió allí, sino en su hogar. (Artículo de Maldonado Colón en el archivo de este autor).
  5. No concuerdan con la realidad algunas afirmaciones de Denis sobre el patriota Vidal Santiago. Según información que un estudioso de la vida de Albizu y de otros Nacionalistas obtuvo de fuentes bien informadas, “el papá de Vidal no murió en el cañaveral ni fue Lector para los obreros ni fue a Ybor City en la Florida; Vidal no obtuvo un diploma de Escuela Superior; no había ningún hueco o escondite entre la barbería y su casa familiar al lado; Vidal no bebía ni Don Pedro; Águila Blanca no le dejó esa propiedad a Vidal ni murió en el Salón Boricua ni escribió un libro sobre la barbería.”. (Edwin Rosario, citado en Iris Zavala Martínez, “Observaciones acerca de War Against All Puerto Ricans de Nelson Denis”, enviado por correo electrónico, 1ro jul 15).
  6. En la página 164, Denis afirma que en septiembre de 1930 el doctor Cornelius Rhoads le inyectó a Maldonado algo que le causó el cáncer de la garganta del cual en efecto murió. No obstante, para esa fecha Rhoads no estaba en Puerto Rico, pues llegó en junio de 1931. (Pedro Aponte Vázquez, “Necator Americanus: O sobre la fisiología del caso Rhoads”. Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Vol. 43, Núm. 1, febrero, 1982, págs. 117-142). A propósito del doctor Rhoads, estimula la curiosidad el que solamente le dedica una página a ese caso y sobre él dice que era “un nuevo médico” del Hospital Presbiteriano. Omite el hecho de que la notoria e influyente Fundación Rockefeller, con sede en la Ciudad de Nueva York, lo envió a San Juan con otros médicos a experimentar con mujeres, hombres y niños y que tomó parte activamente en el encubrimiento de los asesinatos que Rhoads confesó.
  7. En la Nota # 24 del capítulo 21, “Atomic Lynching”, pág. 333, la que continúa en la pág. 334, el autor dice que la señora Herminia Rijos, quien visitó a Albizu en su lugar de residencia en la esquina de las calles Del Sol y De La Cruz, lo había visitado en la cárcel La Princesa y que era amiga de la familia del prócer. Ni lo uno ni lo otro es correcto. Entrevisté a la señora Rijos en su residencia y me dijo que fue a verlo en su lugar de residencia porque, por haber sido esposa de un Nacionalista, sabía de las quejas de Albizu y “tenía curiosidad”. Del documento al que Denis alude, del cual Reynolds me proveyó copia, no se desprende que Rijos visitara a Albizu en La Princesa ni que fuera amiga de su familia. (Vea: Testimonio de Herminia Rijos en NY, 1 feb 54, sobre su visita a Albizu en 1953 (en inglés) sobre quemaduras en todo el cuerpo, Colección Pedro Aponte Vázquez-Judith Ortiz Roldán, Archivo de la Fundación Luis Muñoz Marín (FLMM), Caja 1, cartapacio Núm. 101) Le di esta información luego a Sylvia Gómez en ocasión de entrevistarme el 4 de julio 1985 en mi residencia para el documental televisivo al cual Denis alude en esa misma nota (grabación audio de nuestra conversación en la Colección Puertorriqueña, Biblioteca Lázaro, UPR, Río Piedras y en FLMM).
  8. Es curioso que, además, Denis omitió importantísimos datos, como lo son los pertinentes a Braverman vs. United States (317 U. S. 49). Nadie que conozca al Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador con razonable profundidad y haya examinado detenidamente el expediente del FBI sobre Albizu, puede evitar percatarse de las significativas implicaciones legales e históricas de la opinión del juez presidente de la corte suprema de Estados Unidos Harlan Stone en ese histórico caso ―aun sin haber estudiado Derecho, contrario a Denis (http://pedroapontevazquez.com/opinion-de-un-constitucionalista-sobre-braverman-vs-united-states/). Las mismas afectaron directamente a Albizu e indirectamente el subsiguiente desarrollo de nuestra historia política, pues la opinión de Stone fue la causa de que Albizu pudiera salir de la cárcel de Atlanta sin aceptar condiciones, permanecer en Nueva York a su antojo y regresar cuando lo estimó prudente, todo ello sin que el Juez Robert Cooper le revocara la libertad condicional de cuatro años que le impuso sobre los seis de prisión. (Pedro Aponte Vázquez, Pedro Albizu Campos: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 1991 y Albizu: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 2,000. Ed. ampliada).

Colma la copa la afirmación de Denis de que en nuestra patria no hubo resistencia a la invasión del 98. En fin, para bien de todas las partes interesadas, el autor haría bien en revisar minuciosamente este libro y corregir las fallas que se le han señalado públicamente y en privado antes de que se le traduzca al español y de que salga su tirada en inglés en rústica. #

Nota del autor: Esta versión contiene algunas modificaciones de estilo. Artículo publicado originalmente en el semanario Claridad, suplemento “En Rojo”, págs. 14-15, 16-22 julio, 2015.

Obama nos obsequia el ébola

Con la decisión unilateral de exportar hacia Puerto Rico a soldados suyos que hayan contraído el ébola, el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica podría estar contribuyendo a hacer realidad el sueño del médico asesino Cornelius Rhoads nada menos que 83 años después.

Ninguna organización independentista en Puerto Rico, ni radical ni conservadora, ha protestado todavía públicamente ni ha dado indicios de que se proponga convocar a una masiva oposición a este macabro empeño del gobierno de Obama. Todos los políticos guardan silencio.

Tampoco se han expresado en oposición a este ultraje de nuestra nación las entidades a las que les concierne la salud de la gente a pesar de que ya han transcurrido varios días desde que se ha confirmado lo que era un lúgubre rumor.

Es que Estados Unidos no está ajeno al hecho de que los boricuas somos el Pueblo más dócil del planeta –por no decirlo de otro modo más apropiado.

Las rojas flores del flamboyán

Por Margarita Maldonado Colón —

Las rojas flores del flamboyán es la primera novela de Pedro Aponte-Vázquez, luego de su incursión en la ficción con su libro Las memorias que don Pedro no escribió, un género híbrido entre la historiografía y la ficción, y Transición, colección de cuentos en la que asume de lleno la ficción como medio para tratar el tema político sin dejar nunca de lado la historiografía como fuente documental. Como se sabe, Pedro Aponte-Vázquez es un incansable investigador e historiador del Nacionalismo Puertorriqueño-Movimiento Libertador y a él debemos libros de gran valor histórico en los que desenmascara a los protagonistas de los movimientos represivos en contra de los independentistas, especialmente la persecución a los nacionalistas. También ha puesto al descubierto la conspiración para la tortura y asesinato de don Pedro Albizu Campos y los asesinatos confesados del Dr. Cornelius Rhoads en la década del 30. Todas sus investigaciones han producido una amplia bibliografía sobre estos temas.

No conforme con esto, el autor ha buscado nuevas avenidas que le sirven para allegar esa información a los lectores. Así nos presenta los libros que mencioné anteriormente y su novela Las rojas flores del flamboyán, un hermoso trabajo literario. Esta novela es una forma refrescante de leer una historia que no es historia, aunque parezca un contrasentido. Se trata de la narración de algunos acontecimientos ocurridos en la vida real, trasformados en material novelesco. El autor entra de lleno en la ficción, nutriendo la narración con elementos de la historia y crea un universo literario independiente de los hechos históricos. Amalgama diversos sucesos ocurridos en distintas épocas (fines del siglo XIX y primera mitad del XX), relacionados con la invasión estadounidense, la lucha nacionalista por la liberación y los hechos que marcaron esa lucha. En términos de visión de mundo, el autor crea un espacio-tiempo donde se aspira a la posibilidad de un desenlace a esa encerrona. Ubica la trama en el espacio-tiempo imaginario de una utopía que se rompe con la invasión de bandidos que trastocan la identidad y el sentido de pertenencia desarrollado por sus habitantes. En la trama se desenvuelven algunos personajes que tuvieron claro en todo momento que habían sido despojados de lo que les pertenecía y resistieron esa invasión y, por otra parte, otros personajes que se acomodan a las normas que los nuevos amos les dictan. La hacienda La Esperanza, está enclavada en medio de la nada, en un tiempo indeterminado, lo que establece, que está a la deriva. La alternativa queda planteada: hay que tomar acción y en la trama intenta, pero todos los intentos son sofocados (el Águila Blanca y Libertario) por el poder omnipotente y omnipresente del opresor que se vale de la manipulación, la fuerza y todos los medios posibles para exterminar cualquier intento de liberación. En términos de visión de mundo, queda establecido también que sólo una presencia sobrenatural es capaz de liberar la hacienda de sus opresores. Al momento en que la Taína, presencia sobrenatural arraigada en la rebeldía originaria vinculada con la tierra, se hace cargo del opresor y lo ultima, los presentes, en lugar de levantarse en armas, huyen despavoridos. No hay salida entonces. Es una burbuja estancada en el tiempo y el espacio. Así es nuestra historia y así lo plantea el autor. Pero queda el nombre de la hacienda: La esperanza.

Las rojas flores del flamboyán es una lectura que agarra, atractiva por las descripciones, la ambientación, por la trama y por la forma de narrar con una prosa nítida, ágil y cuidada. Una obra que deberían leer nuestros estudiantes en las escuelas –porque sí, tiene un fin didáctico que es una de las motivaciones que como educador manifiesta el autor en todos sus escritos, como expresión de su visión de mundo–, para que creen conciencia de que hay que desarrollar sentido de pertenencia y defender lo que es esencialmente nuestro.

Disponible en: <www.lulu.com/spotlight/albizu> y en Librería Norberto González, en Río Piedras.

La confesión del médico asesino Cornelius P. “Dusty” Rhoads a su colega Fred W. “Ferdie” Stewart

El 11 de noviembre de 1931, Cornelius Rhoads escribió su confesión de asesinatos en el hospital Presbiteriano en San Juan de Puerto Rico.

C. P. Rhoads
Revista TIME, 1932

Copia fotostática del original de la carta en: Archivo Nacional de Puerto Rico, Fondo: Departamento de Justicia, Serie: Oficina del Procurador General, Expediente 11016, Año: 1932, Caja : E. “Wolbach” aparece erróneamente como “Wallach”.

Photostatic copy of original letter in: Puerto Rico National Archives, Fund: Department of Justice, Series: Office of the Attorney General, File 11016, Year: 1932, Box : E. “Wolbach” is misspelled as “Wallach”.

VERSIÓN EN ESPAÑOL:

Estimado Ferdie:

Mientras más pienso en el nombramiento de Larry Smith, tanto más me disgusto. ¿Has oído de alguna razón que lo justifique? Ciertamente es extraño que se le haya otorgado el pueso a un hombre ajeno por completo al grupo de Boston, despedido por Wolbach y hasta donde sé, completamente carente de reputación científica. Algo anda mal en algún sitio, probablemente con nuestro punto de vista.

La situación en Boston está resuelta. Parker y Nye manejarán el laboratorio conjuntamente y Kenneth o Mac Mahon será el ayudante; el jefe se quedará. Por lo que alcanzo a vislumbrar, mis oportunidades de encontrar un empleo en los próximos diez años son absolutamente nulas. Uno ciertamente no se siente estimulado a intentar adelantos científicos cuando viene a ser un obstáculo en lugar de una ayuda para progresar. Aquí puedo conseguir un empleo requete bueno y estoy tentado a tomarlo. Sería ideal excepto por los puertorriqueños —ellos son sin duda la raza más sucia, más vaga, más degenerada y más ratera que jamás haya habitado la esfera. Enferma habitar la misma isla con ellos. Son hasta más bajos que los italianos.Lo que la isla necesita no es labor de salud pública, sino una ola gigantesca o algo que extermine la población. Entonces podría ser habitable. Yo he hecho lo mejor que he podido para adelantar el proceso matando a 8 y trasplantándoles el cáncer a varios más. Esto último no ha causado muertes todavía… La cuestión de la consideración por el bienestar de los pacientes no desempeña papel alguno aquí —de hecho, todos los médicos se deleitan en el abuso y tortura de los desafortunados sujetos.

No dejes de hacerme saber si te enteras de más noticias.

 

Sinceramente,

Dusty

Vea la historia completa en The Unsolved Case of Dr. Cornelius P. Rhoads: An Indictment

(Disponible como libro electrónico).

Este libro está disponible, además, en Librería Norberto González en Río Piedras, Puerto Rico.

***

ORIGINAL ENGLISH VERSION:

Dear Ferdie:

The more I think about the Larry Smith appointment, the more disgusted I get. Have you heard any reason advanced for it? It certainly is odd that a man out with the entire Boston group, fired by [Wolbach] and, as far as I know, completely devoid of any scientific reputation, should be given the place. There is something wrong somewhere, probably with our point of view.

The situation in Boston is settled. Parker and Nye are to run the laboratory together and either Kenneth or McMahon to be assistant; the chief to stay on. As far as I can see, the chances of my getting a job in the next ten years are absolutely nil. One is certainly not encouraged to attempt scientific advances when it is a handicap rath­er than an aid to advancement. I can get a damn fine job here and am tempted to take it. It would be ideal except for the Porto Ricans — they are beyond doubt the dirtiest, laziest, most degenerate and thievish race of men ever inhabiting this sphere. It makes you sick to inhabit the same island with them. They are even lower than Italians. What the island needs is not public health work, but a tidal wave or something to totally exterminate the population. It might then be livable. I have done my best to further the process of extermination by killing off 8 and trans­planting cancer into several more. The latter has not resulted in any fatalities so far… The matter of consideration for the patients’ welfare plays no role here — in fact, all physicians take delight in the abuse and torture of the unfortunate subjects.

Do let me know if you hear any more news.

Sincerely,

Dusty

See the complete story in: The Unsolved Case of Dr. Cornelius P. Rhoads: An Indictment

 

Also available as e-book.

 

Carta del Dr. C. P. Rhoads traducida al castellano

Texto de la carta en la cual el asesino en serie Cornelius P. Rhoads le confesó espontáneamente a su amigo Ferdie el 11 de noviembre de 1931 que había asesinado a ocho pacientes y les había trasplantado el cáncer a varios más mientras hacía experimentos en el Hospital Presbiteriano en San Juan de Puerto Rico bajo el auspicio de la Fundación Rockefeller de Nueva York. (Traducción: Pedro Aponte Vázquez).

Estimado Ferdie:

Mientras más pienso en el nombramiento de Larry Smith, tanto más me disgusto. ¿Has oído de alguna razón para justificarlo? Ciertamente es extraño que se le haya otorgado el puesto a un hombre ajeno por completo al grupo de Boston, despedido por Wolbach y hasta donde sé, carente por completo de reputación científica. Algo anda mal, probablemente con nuestro punto de vista.
La situación en Boston está resuelta. Parker y Nye manejarán el laboratorio conjuntamente y Kenneth o Mac Mahon será el ayudante; el jefe se quedará. Por lo que alcanzo a vislumbrar, mis oportunidades de encontrar un empleo en los próximos diez años son absolutamente nulas. Uno ciertamente no se siente estimulado a intentar adelantos científicos cuando viene a ser un obstáculo en lugar de una ayuda para progresar. Aquí puedo conseguir un empleo requetebueno y estoy tentado a tomarlo. Sería ideal excepto por los puertorriqueños —ellos son sin duda la raza más sucia, más vaga, más degenerada y más ratera que jamás haya habitado la esfera. Enferma habitar la misma isla con ellos. Son hasta más bajos que los italianos.
Lo que la isla necesita no es labor de salud pública, sino una ola gigantesca o algo que extermine la población. Entonces podría ser habitable. Yo he hecho lo mejor que he podido para adelantar el proceso matando a 8 y trasplantándoles el cáncer a varios más. Esto último no ha causado muertes todavía… La cuestión de la consideración por el bienestar de los pacientes no desempeña papel alguno aquí —de hecho, todos los médicos se deleitan en el abuso y tortura de los desafortunados sujetos.
No dejes de hacerme saber si te enteras de más noticias.

Sinceramente,

Dusty

Otra distorsión del caso Rhoads

Robert Friedman, Shadow of the Fathers

Reseña

Pedro Aponte Vázquez

En un libro sobre “el Nuevo Trato” publicado en el año de 1970, el historiador Thomas Mathews subestimó la denuncia de múltiples asesinatos que 38 años antes hizo el licenciado Pedro Albizu Campos en contra del doctor Cornelius P. Rhoads y catalogó la misma de “truco publicitario” del Partido Nacionalista de Puerto Rico. Aquel triste caso quedó así enterrado hondo en la historia de Puerto Rico.

Hace apenas cinco años, el periodista Douglas Starr (“Revisiting a 1930’s Scandal, AACR to Rename a Prize”, Science, Vol. 300, Núm. 5619, 25 April 2003, págs. 573-574) y Susan Lederer, historiadora de la medicina (“‘Porto Ricochet’: Joking about Germs, Cancer, and Race Extermination in the 1930’s”. American Literary History. Oxford University Press, 2003, pp. 720-746), publicaron ensayos en los que ponen en duda los hallazgos y las conclusiones que ha publicado este autor a lo largo de tres décadas en torno al caso Rhoads luego de meticulosas investigaciones.

Esos ensayos, carentes de rigor científico, fueron la reacción de un sector de la intelectualidad estadounidense ante el hecho de que la junta de directores de la Asociación Americana para la investigación del Cáncer, ante la presión del pueblo de Puerto Rico, decidió unánimemente desechar el nombre de Rhoads de un premio que concedía desde 1979. Esa entidad no tomó su decisión por capricho, sino sólo después de recibir un informe confidencial del abogado y psiquiatra forense Jay Katz, un asesor de prestigio intelectual internacional que hurgó precisamente en algunos de los documentos que dieron base a las conclusiones de este autor. Ello, sin embargo, no desalentó a Starr ni a Lederer.

Tampoco al periodista Robert Friedman quien, 38 años después de Mathews, viene de su país expresamente a traernos la noticia de que ha publicado una novela de suspenso basada en aquel triste caso, el cual afirma que pocos en Puerto Rico conocen.

En Shadow of the Fathers, Friedman parte del suceso histórico de 1931-32 y desarrolla en su vernáculo una intrincada madeja de eventos ficticios salpicados de escenas increíbles o, cuando menos, difíciles de creer. La trama arranca con el texto alterado de la carta donde Rhoads confesó espontáneamente sus asesinatos y tiene fecha del 11 de junio de 1950 en lugar de la auténtica del 11 de noviembre de 1931. El autor alude al hecho conocido de que Albizu hizo pública la carta y deja sin decir cómo logró hacerlo a pesar de que, para esa fecha, estaba encarcelado en La Princesa bajo estricta vigilancia.

Así que este melodrama con aspiración de novela histórica comienza con graves distorsiones de importantes hechos de nuestra historia que les crearán a algunos lectores nuevas dudas mientras a otros los enredarán en un fracatán de datos inventados que algunos creerán verídicos. Hasta el contenido del obituario de Rhoads que el New York Times publicó en 1959 ha sido alterado.

Pablo Camino es un pintor y veterano de Viet Nam a quien su madre, presunta hija del fiscal José Ramón Quiñones, opta por confesarle que es hijo ilegítimo del asesino Rhoads. En la realidad, el fiscal Quiñones fue quien propició el encubrimiento del caso, pero en esta novela aparece meramente como el funcionario honesto que investigó las muertes y no encontró pruebas en contra del asesino confeso. Pablo, el protagonista de la narración, tiene tres antagonistas: su madre, su esposa y una pintura en un museo.

Pablo enfrenta a un individuo que penetra en su casa y mutila una pintura suya que muestra a Albizu en una silla de ruedas. El intruso ataca a Pablo con la misma navaja con la que ha mutilado la obra de arte. Forcejean y Pablo lo degüella en un golpe de suerte. El intruso resulta ser otro veterano de Viet Nam con trastornos mentales que le hacen creer que es hijo de Albizu y que el gobierno de Estados Unidos quiere asesinarlo con radiación, pero resulta ser —en la ficción— hijo de una de las víctimas de Rhoads.

Pablo huye hacia Nueva York decidido a encontrar a “Ferdie”, el destinatario de la confesión que hizo Rhoads de los múltiples asesinatos que cometió impunemente en Puerto Rico. Aunque Rhoads en realidad no tuvo hijos ni hijas, el autor inventa una hija que le ayudará a su medio hermano a identificar y localizar al viejo amigo de su padre. En el relato, “Ferdie” no es el médico norteamericano que en realidad fue, sino que resulta ser un agente de espionaje de Estados Unidos nacido en España y criado en la Cuba de Batista.

El autor intenta inculcarnos la idea de que Pablo y su amigo Ralph, otro veterano de Viet Nam y profesor de la UPR, andan “en busca de la verdad”; de la verdad respecto a si “Ferdie” siquiera existió; la verdad en torno a si Rhoads fue o no un asesino. Al final, “Ferdie” propaga en su lecho de muerte la versión de que aquellos hombres, mujeres y niños que murieron a manos de Rhoads no fueron asesinados, sino que murieron por errores que él cometió. Por consiguiente, Rhoads quería que su carta fuese descubierta y divulgada ya que su confesión de asesinato tenía el único propósito de ocultar sus “errores”. Ya él había decidido decir que la confesión contenida en su carta era una broma, precisamente lo que ha sostenido Lederer en su ensayo de 2003.

Es evidente que Friedman tiene suficiente talento para la ficción para poder hilvanar una serie de sucesos propios del caso Rhoads sin tener que recurrir para ello a distorsionar los hechos de ese triste y significativo episodio de nuestra historia. Claro que es mucho más fácil crear ficción sin hacer caso a las limitaciones que impone el respeto por la Historia, pero quien lo hace se arriesga a que, en casos controvertidos como lo es éste, se sospeche que no son buenas sus intenciones.