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Sobre la novela: Guerra contra todos los puertorriqueños

El profesor Héctor Meléndez, de la Universidad de Puerto Rico, ha publicado en el periódico digital Diálogo, órgano de esa entidad pública, una interesante disertación la cual lamentablemente no es aplicable, como no sea muy limitadamente, al guión novelado del autor a quien se propone defender.

Procede destacar en primer lugar que el problema que la obra dramática del político y cineasta Nelson Denis plantea no es el que contenga exceso de “errores”. El problema es que tiene exceso de datos falsos, a algunos de los cuales ya aludí aquí mismo (“War Against Who?”) y en el semanario Claridad (“¿Guerra Contra Quién?”).

Una característica menos grave es el hecho de que a sabiendas imprime en la mente de tal vez no pocos lectores la idea de que nadie antes había informado al público sobre “la brutal represión que cayó sobre Pedro Albizu Campos y los nacionalistas” ―y a eso opto por agregar: y contra no nacionalistas también. Digo “a sabiendas” toda vez que cita a varios de los autores que hemos escrito sobre ese tema o los menciona en su bibliografía.

En lo que al título respecta versus lo que falsa e innecesariamente el autor del libro le atribuye a E. Francis Riggs, la forzada explicación que el autor posteriormente improvisó en el sentido de que alteró la cita porque los puertorriqueños hemos estado sujetos a un cierto tipo de guerra a muerte por diferentes flancos podría ser aceptable, pero como cuestión de retórica. Precisamente, esa posibilidad hace aún menos necesaria la distorsión de lo que de hecho dijo Riggs. Es decir, si el concepto de la “guerra contra todos los puertorriqueños” hubiera estado en la mente del autor desde el principio del modo que lo explica, habría podido citar fielmente lo que el periódico La Democracia le atribuyó a Riggs y luego aludir a que éste no cumplió lo que dijo que haría.

Por otra parte, me sorprende sobremanera que el profesor Meléndez afirme que gran parte de las críticas al libro que defiende “puede deberse a lo maltrecha que queda la imagen de Muñoz Marín”, etcétera. Me sorprende porque desde el inicio de la década de los 80, o sea, unos 35 años atrás, comencé a divulgar datos por diversos medios sobre los hallazgos de mi investigación sobre la persecución de Albizu por Muñoz y su PPD, sobre su tortura y asesinato y sobre el papel de Muñoz Marín como lacayo del FBI en particular y del gobierno estadounidense en general. Este es un hecho del cual el autor del libro en cuestión no está ajeno, aunque actúa como si lo estuviera. Incluso publiqué un libro en septiembre de 1994 bajo el título Locura por decreto: El papel de Luis Muñoz Marín y José Trías Monge en el diagnóstico de locura de don Pedro Albizu Campos.

No es sostenible tampoco la insinuación, bastante directa por parte de algunos defensores del libro, en el sentido de que las críticas surgen meramente del hecho de que el autor es nacido, criado y educado en la Ciudad de Nueva York y los boricuas de acá estamos prejuiciados contra la diáspora. Cierto es que existe ese prejuicio en algunas personas, pero en lo que a este autor respecta, el recurso no es utilizable porque por alrededor de 15 años fui parte de esa comunidad puertorriqueña en las entrañas del monstruo. Fue allí donde opté por internarme en el campo de las letras con el fin de utilizar la palabra escrita como arma en la lucha por nuestra liberación nacional.

Ahora bien, no sólo es digno de observación lo que un autor opta por mencionar en un libro de contenido histórico y algunos de otra índole, sino, además, lo es lo que opta por omitir. En el libro que el profesor Meléndez defiende, el autor alude al caso Rhoads, el cual desenterré desde fines de la década de los 70, pero omite los datos que implican a la Fundación Rockefeller ―la misma que pagó mis estudios de Maestría en la Universidad de Fordham― en el encubrimiento del caso no sólo allá para 1932, sino incluso en los ‘80 en respuesta a preguntas que les formulé a altos funcionarios de esa entidad.#