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Sobre la irradiación del prócer boricua Pedro Albizu Campos

Albizu afirmó desde el principio de su odisea que “el mejor aliado del atentado que se está perpetrando es la ignorancia del público sobre este ramo de la ciencia” en referencia a la ciencia nuclear.[1] A pesar de ese hecho, hubo ciudadanos, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, que se propusieron investigar científicamente sus denuncias. Algunas todavía vivían al momento en que escribí esto.

Se desprende del testimonio escrito de la líder pacifista Ruth M. Reynolds, quien tomó parte en la investigación de entonces y colaboró activamente en la actual, que allá para el mes de noviembre de 1953 había radiación en el cuerpo de Albizu. Reynolds entrevistó por separado a Albizu, Carmín Pérez, Doris Torresola e Isabel Rosado Morales en torno a la prueba que ellas hicieron con un instrumento para la detección de radiación y señaló en inglés:

“Interrogué a cada una de esas personas individualmente y cada una me dio la misma información sobre qué sucedió. Cuando llevaron el Contador Geiger por la sala y el comedor, registró de cuatro a nueve sonidos (ticks) por minuto en varios puntos. Cuando lo llevaron al dormitorio de don Pedro, registró catorce por minuto. Entonces lo colocaron en la cama, junto a su cuerpo. Entonces el aparato se dañó súbitamente y dejó de funcionar del todo. Toda vez que este Geiger Counter se supone que suene solamente en presencia de radiación y dado que se comportó como lo hizo en casa de don Pedro, es lógico suponer que había radiación en la casa y que estaba concentrada en su dormitorio. Habida cuenta de que cesó de funcionar del todo cuan­do lo pusieron junto a su cuerpo, es lógico suponer que la cantidad de radiación allí presente era demasiado alta para este sencillo instrumento y se rompió”.[2]

Las personas que habían enviado de Nueva York el instrumento acordaron entonces adquirir otro, esta vez de tipo industrial, pero el Gobierno encarceló nuevamente a Albizu en marzo de 1954 luego de haberle dicho a la prensa que el ataque Nacionalista al Congreso norteamericano el 1ro de marzo fue “un acto de sublime heroísmo”.[3]

Las notas corresponden al libro ¡Yo acuso!: Y lo que pasó después, edición ampliada de ¡Yo acuso!: Tortura y asesinato de don Pedro Albizu Campos.

[1]Hernández Vallé, lugar citado, pág. 61.

[2]Ruth M. Reynolds. “The Geiger Counter”, artículo mecanografiado, dos págs., 1953; copia en el archivo del autor. Archivo de R.M. Reynolds. Traducido por el autor. Los papeles de R.M. Reynolds se encuentran en el Centro de estudios puertorriqueños de Hunter College, N.Y.

[3]Ruth M. Reynolds. “Puerto Rican Political Prisoners” en Minority of One, noviembre, 1964, 2da Parte, pág. 61; ejemplares en el archivo del autor. Sus declaraciones a la prensa supuestamente violaron la ley “de la mordaza”, aprobada festinadamente el 10 de junio de 1948, sólo unos cinco meses después de Albizu regresar de Estados Unidos, donde había cumplido seis años de cárcel en la penitenciaría federal en Atlanta. Sobre el encarcelamiento de Albizu en Atlanta, las condiciones en que salió en libertad y su reclusión en el Hospital Columbus, en N.Y., véase, Aponte Vázquez. Pedro Albizu Campos: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 1991.