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¿Quién fue Pedro Albizu Campos?

Albizu (dibujo al carbón de Jorge Mañach, 15 junio 1920. Reproducido de “Recuerdos de Albizu Campos”, de Jorge Mañach, probablemente en revista Bohemia, circa noviembre 1950, pág. 89)

Pedro Aponte Vázquez

Don Pedro Albizu Campos, presidente del extinto Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador, fue un líder revolucionario puertorriqueño de ascendencia africana, vasca y taína. Fue sentenciado en dos ocasiones distintas (1936, 1951) a un total de 82 años de prisión por su inquebrantable lucha política, jurídica, diplomática y armada por la independencia de Puerto Rico. Estuvo en prisión alrededor de veinte años, incluyendo seis en Atlanta, provincia norteamericana de Georgia. Murió el 21 de abril de 1965 y fue sepultado en el viejo San Juan. Hacía sólo cuatro meses que había salido de un hospital en el cual el gobierno colonial lo recluyó durante nueve años en condición de preso político. Tenía 73 años.

“Pedrito Campos” como se le conocía antes de su padre optar por darle su apellido y luego en Estados Unidos por ignorancia cultural, nació y se crió en la pobreza extrema en la ciudad sureña de Ponce –donde quería ser sepultado–  y gracias a su inteligencia y disciplina recibió becas con las que estudió en la Universidad de Harvard. Allí obtuvo títulos académicos en Filosofía y Letras, Ciencias Militares, Ingeniería Química y Derecho. Como prestigioso líder estudiantil, desempeñó un papel destacado en la activa defensa de la lucha por la independencia de la India y de Irlanda del Norte, así como en pro de los derechos de los afroamericanos, los nativos americanos y los latinoamericanos. En Harvard fue presidente de dos importantes organizaciones estudiantiles, miembro de otras cuatro no menos importantes y fundador de un Capítulo para el Reconocimiento de la República Irlandesa.

Además de su variado trasfondo académico, Albizu conocía el griego y el latín y hablaba con fluidez francés, italiano, portugués, alemán, e inglés además de su vernáculo. Su conocimiento de varios idiomas le facilitó la comunicación sin intermediarios por lo que se relacionó con intelectuales, líderes sindicales, oficiales de gobierno y estadistas en Estados Unidos, América Latina y Europa.

Poco después de su segunda encarcelación, en medio del levantamiento armado de octubre de 1950 en contra de la ocupación militar del territorio nacional puertorriqueño por Estados Unidos, Albizu denunció que agentes de las fuerzas armadas de ese país, especialmente de la Marina, estaban quemándolo con lo que describió como “rayos electrónicos de bellísimos colores y gran precisión” y estaban exponiéndolo a radiación atómica de origen desconocido. Aseguró Albizu que la radiación atómica terminaría por convertir su cuerpo “en un cáncer, célula por célula” y le causaría un “ataque cardíaco”.

En reacción a la preocupación que sus denuncias causaron a nivel internacional, sobre todo en la América Latina, así como por su precario estado de salud, el gobierno colonial de Puerto Rico, a través de su secretario de justicia, le requirió a un psiquiatra visitar al prominente preso político en su celda y evaluar allí mismo, en la cárcel, su condición mental. El 23 de septiembre de 1953, luego de conversar informalmente con él por noventa minutos acompañado de otros médicos y en presencia de un periodista, el doctor Luis M. Morales, quien no por casualidad era asesor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, concluyó que Albizu estaba paranoico, pues insistía en que sus enemigos yanquis querían causarle daño. Ese día se conmemora el Grito de Lares de 1868 y en adelante recordaremos el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos por agentes del gobierno yanqui.

Albizu rehusó expresamente consentir que se le evaluara ni física ni mentalmente y sostuvo que el único propósito del gobierno era propagandístico. El psiquiatra, quien se suponía era su amigo, le aseguró que el Gobierno no lo había enviado, sino que tan sólo había autorizado la visita y que estaba actuando por propia iniciativa como un “amigo preocupado” tras haberse enterado por la Prensa de que se encontraba muy enfermo. Aun así, Albizu rehusó, pero el psiquiatra cumplió su misión.

El 11 de marzo de 1994, el doctor Víctor J. Lladó, psiquiatra forense, ex presidente del Capítulo de Puerto Rico de la Asociación Americana de Psiquiatría y profesor de psiquiatría forense, me sometíó un informe en el cual expresa tajantemente que “el procedimiento seguido para alegadamente hacer una evaluación mental de don Pedro Albas Campos el 23 de septiembre de 1953, está plagado de nulidad y representa un ejemplo del más despreciable mal uso y abuso de la psiquiatría por el Estado”.

El doctor Lladó sostiene además, entre otras conclusiones, que el doctor Morales, a quien él admira, “violó un principio indispensable para cualquier evaluación psiquiátrica”, a saber, “el total consentimiento del sujeto a ser examinado”.

Aunque los seguidores de Albizu, entre ellos la fenecida Ruth M. Reynolds, líder pacifista oriunda de Estados Unidos, lograron determinar por medios científicos que había radiación en el cuerpo de Albizu tanto durante su encarcelamiento como después de su expulsión de la cárcel, el Departamento de Justicia de Puerto Rico le anunció al mundo el 29 de septiembre de 1953 que estaba loco y al día siguiente lo expulsó de la cárcel y lo mandó a su casa. (Reynolds fue encarcelada en Puerto Rico por su apoyo a Albizu y su convicción fue anulada por falta de pruebas después de cumplir 19 meses en prisión. A ella se le acusaba de violar la ley de “La Mordaza”, de junio de 1948, hecha a la medida para Albizu y sus seguidores siguiendo estrictamente la ley Smith de Estados Unidos).

De hecho, al siquiatra lo había enviado el secretario de justicia, José Trías Monge, quien subsiguientemente fue nombrado juez  presidente del mal llamado Tribunal Supremo de Puerto Rico y quien había respaldado enérgicamente los proyectos que se convirtieron en las leyes de “La Mordaza”.

Al salir Albizu de la cárcel el 30 de septiembre de 1953 por motivo de un indulto condicional que firmemente había rechazado, los periódicos publicaron fotos que mostraban quemaduras en sus piernas, las que además estaban grotescamente hinchadas. Sufría Albizu, además, de incontinencia urinaria y rigidez del cuello. Me permito destacar, en reconocimiento de la solidaridad latinoamericana, que la revista argentina Verdad había dado a conocer estos hechos en un reportaje de portada en su edición No. 8, año II, de febrero de 1953.

En lugar de promover o realizar o siquiera permitir una investigación científica de sus denuncias, el gobierno de Puerto Rico incautó las pruebas científicas que sus seguidores habían acumulado y el 6 de marzo de 1954 el gobernador colonial Luis Muñoz Marín ordenó él mismo su arresto y su inmediata encarcelación en represalia por el ataque armado de los Nacionalistas el anterior 1ro de marzo contra la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

Documentos que obtuve del Departamento de Justicia de Puerto Rico como resultado de una demanda que incoé y del Negociado Federal de Investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos bajo la ley de libertad de información, confirman la posición que siempre ha sostenido el movimiento independentista puertorriqueño de que John Edgar Hoover estuvo directamente involucrado en el proceso de persecución política de Albizu.

Hay razones más que suficientes para creer, además, que el difunto doctor Cornelius Packard Rhoads, director del Instituto Sloan-Kettering para Investigación del Cáncer en la ciudad de Nueva York y protegido de la Fundación Rockefeller, puede haber sido el autor intelectual del asesinato de Albizu por medio de la exposición ilegal a la radiación atómica.

Esta teoría ha sido fortalecida recientemente por el hecho de que, según lo reveló el Comité Asesor del presidente Clinton Sobre Experimentos con Radiación  en Humanos en su Informe Final (octubre, 1995), el Sloan-Kettering tomó parte en tales experimentos para la Comisión de Energía Atómica (CEA) y para el ejército mientras el doctor Rhoads lo dirigía (1945-1959). Durante ese período, el doctor Rhoads era además asesor médico de la CEA.

La participación de Rhoads en experimentos de radiación con humanos y su cómoda relación con la CEA no sería tan significativa si no fuese por el hecho de que él había tenido un encontronazo con Albizu en San Juan de Puerto Rico allá para el año de 1932.

El 11 de noviembre de 1931, mientras hacía experimentos sobre la anemia para la Fundación Rockefeller en Puerto Rico, Rhoads le escribió una carta a su amigo y colega, doctor Fred Waldorf Stewart, alias “Ferdie”, en la cual se quejaba, entre otras cosas, de la gente de Puerto Rico. He aquí el texto de su carta:


Estimado Ferdie,

Mientras más pienso en el nombramiento de Larry Smith, tanto más me disgusto. ¿Has oído alguna razón que lo justifique? Ciertamente es extraño que le den la plaza a un hombre desligado del grupo entero de Boston, despedido por Wolbach y, hasta donde sé, carente en absoluto de reputación científica. Algo anda mal, probablemente con nuestro punto de vista.

La situación en Boston está resuelta. Parker y Nye se ocuparán conjuntamente del laboratorio y Kenneth o MacMahon lo asistirá; el jefe se quedará. Por lo que veo, mis oportunidades de encontrar un empleo dentro de los próximos diez años son absolutamente ningunas. Uno ciertamente no se siente estimulado a intentar lograr adelantos científicos cuando esto viene a ser un impedimento más bien que una ayuda para progresar.

Yo podría conseguirme aquí un trabajo requetebueno y siento la tentación de tomarlo. Sería ideal si no fuera por los puertorriqueños –ellos son sin duda la gente más sucia, más vaga, más degenerada y más ratera que jamás haya habitado el planeta. Enferma habitar la misma isla con ellos. Son hasta más bajos que los italianos.

Lo que la isla necesita no es labor de salud pública, sino una ola gigantesca o algo que extermine la población. Entonces sí podría ser habitable.

Yo he hecho lo mejor que he podido para acelerar el proceso de exterminio matando a 8 y trasplantándoles el cáncer a varios más. Esto último no ha resultado en muertes todavía…

La cuestión de la consideración para con el bienestar de los pacientes no desempeña papel alguno aquí –de hecho, todos los médicos se deleitan con el abuso y la tortura de los infortunados sujetos.
No dejes de hacerme saber si te enteras de alguna otra noticia.


                                                                            Sinceramente,
                                                                             Dusty


Cuando los empleados puertorriqueños del laboratorio encontraron y leyeron la carta, la cual Rhoads había dejado inadvertidamente sobre un escritorio, uno de ellos, Luis Baldoni Martínez, quien pertenecía al Partido Nacionalista, se apoderó de la misma, reveló su contenido y se la entregó a Albizu. Surgió entonces el inevitable escándalo, pero el impuesto gobernador norteamericano de Puerto Rico, James Rumsey Beverley, encubrió el caso y Rhoads nunca enfrentó ni siquiera el más inofensivo interrogatorio.

Existen profundos y sólidos fundamentos para sostener, como durante unas tres décadas he sostenido, que el doctor Rhoads puede haber estado involucrado, aunque haya sido sólo intelectualmente, en la tortura y el asesinato de don Pedro Albizu Campos. Es significativo el hecho de que Hoover tuvo conocimiento de la confesión de asesinato de Rhoads y del hecho de que Albizu lo había expuesto ante el mundo como genocida.

No es mi posición que Albizu fue expuesto a radiación atómica como parte de los experimentos que la CEA condujo o contrató o que “sé como cuestión de hecho” que fue expuesto a la radiación. Mi posición es que existe amplia prueba circunstancial que firmemente sugiere que personas en agencias del gobierno de Estados Unidos aprovecharon que tenían acceso a materiales radiactivos y el hecho de que Albizu estaba encarcelado, para causarle la muerte en un proceso lento sin dejar rastros aparentes con el propósito de resolver un serio problema político.

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