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FBI envía secretamente expedientes clínicos de Albizu al gobernador Luis Muñoz Marín

FBI (Colección Aponte Vázquez-Ortiz Roldán).

Albizu’s Final Journey

The San Juan Star, 26 abril 1965, pág. 3

Mensaje, Tenerías, 12 de septiembre de 2011

Pedro Aponte Vázquez

Buenas noches compañeras y compañeros del Comité organizador; compañera Adelaida Sambolín; compañero Waldemiro Vélez Soto y Pueblo de Puerto Rico: Dedico mi mensaje a tres aplicados discípulos del Maestro que ya no están físicamente con nosotros: a los compañeros Jorge Farinacci García, Filiberto Ojeda Ríos y Juan Mari Bras, para quienes pido un fuerte aplauso.

COMPATRIOTAS: la situación de bancarrota y de angustia a la que el actual desgobierno colonial ha llevado a nuestra nación, aconseja que nos refresquemos la memoria en lo que respecta al ejemplo de valor y sacrificio que nos dio don Pedro Albizu Campos y a algunos conceptos fundamentales de su pensamiento. Hacerlo es de beneficio, sobre todo, para las nuevas generaciones, como la que tan dignamente representan el compañero Waldemiro Vélez Soto y sus compañeros y compañeras de lucha estudiantil. Comenzaré por el principio: haciendo referencia a la transformación del Partido Nacionalista.

Albizu no fundó el Partido Nacionalista, como creen muchos, pero sí fue quien inició su transformación ideológica en la asamblea del 11 de mayo de 1930 en el Ateneo. Ese día el prócer asumió la presidencia y dijo unas palabras muy necesarias hoy y cito textualmente: "Hay que acabar con este nacionalismo de cartón y hay que fomentar un nacionalismo de verdad, de acción, informado de un espíritu de sacrificio y de patriotismo acrisolado". (Termina la cita).

De esa histórica asamblea, surgió una resolución que establecía como "inaplazable" —como lo es hoy— erradicar el coloniaje. Además, el partido se comprometió a celebrar, tan pronto recibiera el voto mayoritario del pueblo, una convención constituyente —no una asamblea "constitucional", o sea: que se adhiere a la Constitución, que no la viola—, sino una asamblea "constituyente", es decir, una asamblea que tiene el poder de constituir. ¿Y qué significa "constituir"? Significa establecer o enmendar. En este caso, establecer o enmendar una Constitución, la Constitución de "una república libre, soberana e independiente".

El Partido Nacionalista se proponía ponerle fin a la "ilusión" que tienen algunos todavía, de convertir a Puerto Rico en una "provincia" más de Estados Unidos "porque eso," afirmó Albizu, "representa la supresión voluntaria e ignominiosa de nuestra personalidad internacional". (Fue una cita). Eso es precisamente lo que dicen que buscan esos compatriotas a quienes aparentemente, tantos electores llevaron al falso poder colonial: convertirnos en provincia de la nación que nos invadió con la violencia de los cañones y los fusiles y luego nos embaucó y nos mantiene divididos mientras de rodillas le damos vueltas a la noria.

A partir de aquella asamblea de 1930, el partido pasó por una radical transformación como resultado de la cual creó células para responder al vil atraco con actos violentos clandestinos al tiempo que abiertamente organizaba un ejército de liberación nacional y predicaba nuestro derecho perenne de rescatar nuestra soberanía. Esas prédicas, así como la disposición de los Nacionalistas a recurrir a la lucha armada y su juramento de dedicar "vida y hacienda" a la liberación nacional, llamaron la atención del fiscal de Estados Unidos en San Juan, Cecyl Snyder, y lo llevaron a requerir la pronta intervención del FBI. Con esa petición de Snyder, se inició una continua intervención de esa agencia represiva en específico y del aparato gubernamental yanqui en general, en contra del Movimiento Libertador. Esa intervención no sólo no ha terminado, sino que se ha intensificado en esta época y más recientemente al negarle la libertad al compañero Oscar López Rivera y, en un acto de terrorismo institucional, a secuestrar y tratar como peligrosos criminales a los hermanos Avelino y Norberto González Claudio, revolucionarios y ciudadanos de conducta ejemplar.

Eventualmente, el gobernador José Luis Muñoz Marín premió a aquel fiscal con la presidencia del mal llamado tribunal supremo de Puerto Rico, ese tímido tribunal de Puerta de Tierra que el Gobernador de turno ha convertido en chatarra a perpetuidad.

El fiscal aludió a "numerosos artículos" de prensa en los que dijo que el partido "incitaba" a los puertorriqueños a liberarse de Estados Unidos; a discursos "en contra de la explotación de Puerto Rico y sus ciudadanos"; a la colocación de "bombas en edificios públicos y privados", incluyendo propiedad federal; al reclutamiento de voluntarios y a la recaudación de aportaciones para un ejército de liberación. Snyder especuló que los Nacionalistas utilizarían las elecciones del '36 "como foco principal para sus actividades" y eso, por supuesto, el invasor tenía que evitarlo a toda costa.

La verdad es que los temores del fiscal Snyder afortunadamente no carecían de fundamento, pues, en efecto, bajo la presidencia de Albizu, el Partido Nacionalista sí dejó atrás  el "nacionalismo de cartón" y comenzó a prepararse para un proceso de liberación nacional como el que necesitamos en este momento histórico. El mismo debe incluir la desobediencia civil, pues la efectividad de ese modo de lucha en nuestro medio ha sido más que comprobada con la aplastante derrota que el Pueblo le infligió a la criminal marina de guerra yanqui en la isla de Vieques.

El siniestro John Edgar Hoover, por supuesto, accedió gustosamente a la petición del fiscal federal y desde entonces el FBI ha estado vigilando, persiguiendo, hostigando y reprimiendo a los puertorriqueños que ponen en peligro o siquiera parecen poner en peligro los intereses de las corporaciones que gobiernan a Estados Unidos. Esa persecución incluye a los que han optado por solamente la desobediencia civil y la resistencia pacífica. 

Y habrá quien diga: "Pero no, el FBI está combatiendo las drogas ilegales y la corrupción, ya que el gobierno colonial no se ocupa de hacerlo". Y le respondo que es cierto que el gobierno colonial solo hace aguajes, pero lo del FBI y la Corte federal es meramente una fachada políticamente útil o, como diría Albizu: "una engañifa".

La investigación del FBI de principios de abril de 1936, dio lugar a que Albizu y los más altos líderes del Partido Nacionalista fueran acusados y convictos de conspirar para traicionar al invasor de la patria. oíd bien: nada menos que de traicionar al invasor; es como si ahora en Irak, o en Afganistán, o en el Yemén, o en Libia, o dondequiera que los yanquis se entremeten o invaden, acusaran a la resistencia de traicionarlos o como si el general De Gaulle hubiera sido acusado de traición por resistir la invasión de Francia por Alemania durante la llamada Segunda Guerra Mundial o el Mahatma Gandhi de traicionar a Inglaterra.

Subsiguientemente, Albizu y sus compañeros fueron encarcelados en la prisión federal de Atlanta, en la provincia de Georgia. No obstante, a su secretario personal, Juan Juarbe Juarbe, muy extrañamente —extrañísimamente— le retiraron los cargos y nunca en su larga vida cumplió cárcel.

Albizu fue sentenciado a seis años de prisión —seis— por un primer cargo de conspiración y a cuatro más en probatoria, dos por cada uno de otros dos cargos por la  misma causa, para ese total de diez años que tanto dicen que cumplió.

Como saben, mientras esperaban la decisión de un tribunal de apelaciones luego de ser encontrados culpables por un panel de jurados manipulado, ocurrió la Masacre de Ponce, uno de los más horrendos actos de represión de cuantos ha cometido servilmente la Policía de Puerto Rico en contra de los puertorriqueños para el beneplácito del Invasor.

El tribunal apelativo confirmó las sentencias y Albizu cumplió seis años completos por el primer cargo, pues no aceptó la bonificación por "buena conducta", y salió en libertad el 3 de junio de 1943 a pesar de no haber aceptado las condiciones de la probatoria. De haber aceptado la bonificación, habría salido de la cárcel 19 meses antes, el 4 de noviembre de 1941. Albizu se negó a aceptar condiciones para salir en libertad porque, según dijo, si  lo hacía, estaría aceptando jurisdicción sobre él de parte del gobierno de Estados Unidos, el país cuyo ejército nos invadió. Esto enfureció aún más al soberbio Hoover, quien estaba en la creencia, como lo estaban los historiadores, de que se le permitió salir debido a las presiones que venían ejerciendo sobre el gobierno federal una variedad de organizaciones nacionales y del extranjero, incluyendo, por supuesto a Puerto Rico. Pero, aunque esas presiones pueden haber tenido algún efecto positivo, veremos que fue otra la razón fundamental que tuvo Roosevelt.

De  los documentos sobre Albizu que en 1990 recibí directamente del FBI bajo la ley de libertad de información, cuando todavía el congresista José Serrano no se había enterado de que en Puerto Rico existe la persecución política como existe allá, se desprende que la decisión de Roosevelt se debió a la interpretación que el Tribunal Supremo federal había hecho del delito de conspiración en Braverman v. U.S. (317 U.S. 49) aunque el caso no guardaba relación alguna con el de los Nacionalistas, sino con el comercio interestatal. La opinión en el referido caso, emitida el 9 de noviembre de 1942 (siete meses antes de Albizu salir en libertad), dispuso que a los apelantes no se les podía sentenciar por cada uno de seis actos cometidos para ejecutar la conspiración de la que fueron encontrados culpables, pues el conjunto de esos actos constituía parte de un solo acuerdo. Por consiguiente, no se trataba de seis conspiraciones, sino de una.

En la oficina del Presidente de Estados Unidos se concluyó a regañadientes que, a la luz de esta opinión, la rama Ejecutiva no podía exigirle a Albizu cumplir los cuatro años de probatoria por los dos casos adicionales de conspiración, pues se trataba de una sola conspiración y no de tres, pero todo parece indicar que ni los medios de información ni el propio tribunal publicaron tan importante opinión. Esto permitió mantener a Albizu bajo una constante amenaza de arresto inminente. En otras palabras, tenemos que, teóricamente, debido a su decisión de no aceptar la bonificación por buena conducta, Albizu estuvo preso 19 meses más de lo que le correspondía por la sentencia, cuando pudo haber regresado en noviembre o diciembre de 1941, antes de que el vacío que dejaron diez años y medio de ausencia se llenara con dos hechos de altamente significativo impacto histórico: el fortalecimiento del colonial Partido Popular y el surgimiento del Partido Independentista Puertorriqueño. Ahora bien, esto habría sido así, pero solo si no se hubiera negado en aquel momento, noviembre de 1941, a aceptar las condiciones de la probatoria. De haberlo hecho, seguramente no le habrían permitido salir, toda vez que faltaba todo un año para la opinión en el caso Braverman de noviembre de 1942 y después de esa fecha habría entrado en juego la trampa que le hizo Roosevelt.

Tres días después de su retrasada salida de Atlanta, Albizu se recluyó espontáneamente y sin necesidad médica alguna en el Hospital Columbus en la ciudad de Nueva York, donde permaneció 29 largos meses. Por cierto, allí conoció a Ruth Reynolds y a Ñin Negrón, el guerrillero de Cedro Abajo de Naranjito, quien tuvo la osadía de ir a conocerlo vestido de militar yanqui porque venía de regreso de la guerra en Europa. Don Pedro le dijo que la próxima vez que lo viera quería que fuera como miembro del Partido Nacionalista y así fue. Hoy día, una militante organización regional de Naranjito lleva su nombre.

Recalco que Albizu no salió de Atlanta ni gravemente enfermo ni "moribundo" ni tuvo la ciudad de Nueva York "por cárcel", ni fue objeto de tortura física allí, como la historia oral les hizo creer a los historiadores. Más bien, se suponía que él regresara a Puerto Rico cuando salió de la cárcel porque aquí fue donde surgieron los hechos que lo llevaron a prisión y aquí fue juzgado y sentenciado. La decisión de ir a internarse en el hospital en Nueva York al cuidado de quien fue allí su médico personal, el doctor Epaminondas Secondari, probablemente recomendado por Vito Marcantonio, fue enteramente suya. Su propósito era evadir el largo brazo de la injusticia, pues estaba en la creencia de que en cualquier momento podría ser arrestado por no haber aceptado las condiciones de la inconstitucional probatoria. En el hospital mantuvo los cuarteles generales del partido y rutinariamente recibía numerosos visitantes hasta que el 9 de noviembre de 1945, en las postrimerías de la guerra, y exactamente tres años después de la opinión en el caso Braverman, optó por irse a residir temporalmente en el barrio neoyorkino del Bronx y regresó a San Juan dos años después, el 15 de diciembre de 1947.

Desde ese mismo día, Albizu la emprendió contra el gobierno de Estados Unidos y sus representantes en Puerto Rico ante una jubilosa y militante muchedumbre que había ido a recibirlo a los muelles bajo el ojo avizor del FBI. Durante su discurso, condenó la expropiación de terrenos en la isla de Vieques, la enseñanza en inglés en las escuelas de Puerto Rico y la aplicación de la  ley de servicio selectivo a los puertorriqueños. Advirtió que aquel era "el momento de la acción, no de las palabras" —tal cual lo es ahora mismo— y durante una asamblea abierta del partido el 18 de diciembre de 1949, sentenció que los Nacionalistas tenían que estar "dispuestos a sacrificar sus vidas y deshacerse de sus haciendas". Eso mismo nos pediría el Maestro hoy día para evitar que los trogloditas continúen con el ultraje de las artes; la destrucción de nuestros acuíferos; el constante deterioro de la salud física y mental; la degradación del ambiente; el aumento en el desempleo; la privatización de los servicios públicos; la impune brutalidad policial; el desprecio por la Naturaleza; el abandono de la agricultura; la intromisión en entidades privadas; el lucrativo trasiego ilegal de armas de fuego; el aumento de la criminalidad; el atropello de la cultura nacional; la agresión contra los sindicatos;  el asalto a la razón; el saqueo de nuestra Universidad; y la adulteración de los más preciados valores de nuestra sociedad.

Aquel discurso hizo evidente que la cárcel no les había servido de escarmiento ni a él ni a la mayoría de sus seguidores, por lo que el gobierno títere de José Luis Muñoz Marín recurrió a copiar la ley Smith que la metrópoli usaba en contra de sus propios disidentes y la implantó aquí para con ella tratar de amedrentar al País y minar la voluntad de lucha frontal de Albizu y del Movimiento Libertador. La respuesta del prócer y del Partido Nacionalista-Movimiento Libertador fue desafiar inmediatamente la ley que prontamente el pueblo bautizó como "La Mordaza".

Aunque la legislaturita de Puerta de Tierra y el Gobernador colonial habían aprobado la ley de la mordaza a la carrera en mayo del 1948, el llamado Departamento de Justicia de Puerto Rico la mantuvo en reserva y pasó por alto durante más de dos años las continuas violaciones intencionales de las que la misma era objeto por Albizu y otros líderes del partido. Mientras tanto, el FBI y agentes de civil y encubiertos de la Policía les seguían  los pasos constantemente a Albizu y a otros patriotas en Puerto Rico y fuera del país, al tiempo que el partido continuaba los preparativos para una insurrección programada para el día de las elecciones generales de 1952.

Un anticipo de lo que venía fraguando el partido se escuchó durante la conmemoración del Grito de Lares en 1950. En esa ocasión, Albizu dijo enfáticamente —y la historia le ha dado la razón— que los cambios que el Partido Popular estaba en proceso de proponer —como los que propone hoy día, 60 años después— en nada cambiarían la condición colonial de Puerto Rico y que la tiranía había que desafiarla del mismo modo que la desafiaron los patriotas en Lares: "con la revolución". Este fue el penúltimo de sus extensos discursos. El último lo dijo en el pueblo de Fajardo, un mes después, el 26 de octubre, en conmemoración del natalicio de un patriota internacional, de un Libertador que la historia oficial nos oculta: el glorioso general Antonio Valero Bernabé.

Mientras  tanto, habían circulado rumores de que esa noche, la Policía se proponía causar un motín allí mismo en Fajardo, en el que resultara muerto Albizu. Los militantes del partido, quienes acostumbraban estar armados, estaban en alerta especial y desde la tribuna Albizu lanzó la advertencia de que los Nacionalistas estaban preparados para enfrentar cualquier intento de llevar a cabo los planes y así se evitó la confrontación.

Esa misma noche, sin embargo, la Policía detuvo en Santurce a miembros de la escolta de Albizu y a otros Nacionalistas que los acompañaban cuando regresaban de Fajardo. Les encontraron armas de fuego y fueron arrestados en el acto. Fue arrestada, además, Ruth Reynolds, quien era pacifista, pero parecía nacionalista.

Subsiguientemente, la Policía  procedió a  arrestar  a  otros militantes en otros pueblos y el partido puso en acción las instrucciones que existían de resistir el arresto masivo de sus miembros para evitar que el gobierno incautara las armas que con tantas dificultades habían venido acumulando. Con esa ola de arrestos, el Gobierno convenientemente provocó que la programada resistencia armada ante los arrestos, se convirtiera en una precipitada rebelión para la cual el Partido no estaba preparado.

Durante el levantamiento hubo tiroteos entre policías y Nacionalistas en diferentes puntos de la isla y en los predios de La Fortaleza hubo un tiroteo que duró una hora. Allí, cinco patriotas enfrentaron a policías y miembros de la llamada Guardia Nacional. Un Nacionalista de Ponce, Gregorio "Goyito" Hernández Rivera, sobrevivió a pesar de recibir unos 26 impactos de balas, incluyendo algunos de rebote. Recordarán algunos que Goyito murió un 12 de septiembre, hace hoy 22 años, y esa noche recibimos aquí sus restos. En el ataque a La Fortaleza murieron Domingo Hiraldo, Manuel Torres Medina, Raimundo Díaz Pacheco y Roberto Acevedo. A Hiraldo lo remató un policía luego de estar herido, sentado y pidiendo agua, escena que describió un periodista del diario El Mundo y a cuya reseña sólo los familiares de Hiraldo parecen haber prestado atención.

Otro tiroteo tuvo lugar el 1ro de noviembre justo a la entrada de la Casa Blair, entonces residencia oficial temporal del presidente Harry S. Truman, en el que murió Griselio  Torresola y sobrevivió Oscar Collazo.

Aunque los Nacionalistas tomaron el pueblo de Jayuya y restauraron la República, la intervención de la Guardia Nacional, con ataques aéreos en Jayuya y una masacre terrestre en Utuado, aplastó en cuestión de horas la precipitada insurrección. El gobierno de Puerto Rico logró sus propósitos políticos frente a su derrota  moral, pues, por un lado, pudo hacer sin el obstáculo de la orientación contraria de los Nacionalistas su campaña a favor del establecimiento del mal llamado y desprestigiado embeleco del "estado libre asociado" —con el que no pocos independentistas coquetean periódicamente— y, por otro lado, encarceló a Albizu y a numerosos seguidores, lo que sentó las bases para la eventual destrucción definitiva del partido Nacionalista-Movimiento Libertador.

A menos de seis meses de estar en la cárcel La Princesa, Albizu denunció ante la opinión pública que se le estaba torturando con lo que describió como "rayos electrónicos de  bellísimos colores y gran precisión", y que se le estaba exponiendo a radiación atómica de origen desconocido, la que, en sus palabras, acabaría por convertirlo "en un cáncer total". (Fue una cita).

El gobierno de Puerto Rico, y luego el de Estados Unidos, procedieron a lo que saben hacer mejor: a desarrollar una campaña de engaños dirigida a restarle credibilidad a las denuncias. Fue una campaña de mentiras como la que desarrolló la marina de guerra yanki contra la lucha de Vieques y la que lleva a cabo el actual Gobierno en torno a la vía de la muerte y muchos asuntos más de legítimo interés público.

En una época durante la cual lo relativo a la energía atómica era un misterio excepto para el puñado de científicos autorizados a saber, esto fue tarea fácil para ambos gobiernos, pero las que todavía llevan a cabo la Marina y el PNP no lo serán tanto, pues contamos con militantes organizaciones viequenses y con Casa Pueblo y sus dedicados representantes, así como con múltiples grupos combativos de ciudadanos y de cuerpos estudiantiles universitarios.

Así como el gobierno yanki escogió un 23 de septiembre para darle muerte a Filiberto Ojeda en su propio hogar y de paso humillar más aún al pueblo puertorriqueño, el gobierno títere de José Luis Muñoz Marín escogió el 23 de septiembre de 1953 para que el psiquiatra Luis M. Morales, quien tenía contrato de servicios con la fuerza aérea yanqui, declarara paranoico a Albizu. Una semana después, el secretario de justicia y sastre jurídico, José Trías Monge, admirado por no pocos independentistas, lo expulsó de la cárcel y lo envió a su casa por virtud de un indulto condicional que Albizu enfáticamente había rehusado aceptar. Es decir: el secretario de Justicia echó a la calle a quien se suponía que fuera un loco que se había enfrentado a tiros con la Policía.

Dentro de ese esquema, Muñoz Marín utilizó de tontos útiles al jurista Trías Monge, al historiador Arturo Morales Carrión, al ex senador Jorge Font Saldaña y al periodista estadounidense William Dorvillier para otro engaño más: el de decirles al pueblo de Puerto Rico y a la comunidad de naciones que indultaba a Albizu porque el entonces presidente electo de Costa Rica, José Figueres, le había suplicado que lo hiciera por razones humanitarias, patraña de la que Figueres en aquel momento estaba ajeno.  En realidad, Muñoz Marín indultó a Albizu en 1953 por el temor a las consecuencias de que muriera en la cárcel y todo parece indicar que le revocó el indulto en 1954 por requerimiento inequívoco del entonces presidente Eisenhower.

Con el paso de los años, con gran número de líderes y otros militantes encarcelados, con la ley de La Mordaza en todo su vigor aun después de derogada y las fuerzas represivas en acecho, las denuncias de tortura se desvanecieron y durante tres décadas no se habló del asunto, al menos, no  públicamente. Hoy día se ha hablado del asunto por distintos medios, pero cuando el Colegio de Abogados se proponía auspiciar la investigación científica que propuse junto a varios discípulos del Maestro y que el propio Albizu deseaba, la familia Albizu Meneses se opuso tenazmente. El Colegio optó entonces por lavarse las manos, y no fue posible realizarla.

Debo mencionar que el prócer cuyo natalicio conmemoramos esta noche, había pedido que lo sepultaran en Ponce y su viuda no respetó su petición. Pues bien, ya es más que tiempo de que se le preste atención a ese reclamo del Maestro, por lo que urjo desde Tenerías al pueblo patriota a que ponga el asunto en su agenda con la seriedad y la presteza que merece. En nuestra agenda debe estar también reclamar que el desgobierno colonial admita formalmente que Domingo Hiraldo murió a causa de uno o más disparos recibidos luego de estar fuera de combate, herido, sangrando y pidiendo agua. Ahora, agradecido de su atención, los dejo con la siguiente inquietud: ante el proceso de desmantelamiento de nuestras más preciadas instituciones y los abusos de poder de las ramas Legislativa, Ejecutiva y Judicial: ¿qué curso de acción nos recomendaría Albizu? ¡PATRIA Y VIDA! ¡VENCEREMOS!#

Ficha policial de Albizu (frente y dorso)

Ficha de Albizu en la División de Seguridad Interna (luego de Inteligencia) de la Policía de Puerto Rico. ANPR (Colección Aponte Vázquez-Ortiz Roldán).

Albizu critica a Eisenhower

FBI (Colección Aponte Vázquez-Ortiz Roldán)

Letter in which Cornelius P. Rhoads confessed the multiple murders he committed in Puerto Rico, 1931


Frente y dorso de la carta en la que Cornelius ("Dusty") Rhoads confiesa los asesinatos que cometió en Puerto Rico. La misma iba dirigida al doctor Fred W. Stewart. (Colección Aponte Vázquez-Ortiz Roldán. Fotocopia original en ANPR).

Native American Freedomfighter Leonard Peltier Awarded Human Rights Prize

MONTEVIDEO — Leonard Peltier, an indigenous rights activist jailed in the United States for decades, has received the first Mario Benedetti Foundation international human rights prize, the group said Monday.

The group called Peltier, a Native American activist convicted in 1977 for the murder of two US FBI agents, the longest serving political prisoner in the Americas. The case stemmed from a shootout at a reservation in the US state of South Dakota.

"Leonard Peltier, who on September 12, 2011 will turn 67, has spent more than half his life in prison. He is a symbol of resistance to repressive state policies by the United States, where there are people in jail for ethnic, racial, ideological and religious reasons," a foundation statement said.

Ricardo Elena, a member of the foundation's honorary board, said Peltier's case "is one that is repeated over and over: violation (of rights); persecution, eviction, invasion and expropriation of the indigenous people from the time it was 'discovered' until now.

"It did not just happen in the United States; it is happening in southern South America with the (indigenous) Mapuche people, and with indigenous people in North America," he stressed.

Peltier, whose family is indigenous Chippewa and Lakota, fled to Canada after the shooting and was later extradited. He was convicted in part based on the testimony of a woman, Myrtle Poor Bear, who claimed she was his girlfriend and witnessed the shootings. Poor Bear however admitted later she was pressured to make the testimony, but a judge blocked her testimony.

Elena took a swipe at the United States saying it "likes to think it is the seat of democracy, but it has political prisoners just like a dictatorship might have."

The Mario Benedetti Foundation was set up to support human rights and cultural causes in synch with the work of the Uruguayan writer who died in 2009.

http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5im3x9waaNp–GX8fb7wfLT4iQZcA?docId=CNG.2db02c9cd0555a1b4cc3a76310337a41.12d1

Albizu comenta la muerte de Gandhi* (1948)

Cumplida su misión, el Santo retornó al regazo del Padre Todo-poderoso. La India y su hermana gemela, Paquistán, gozan de su Independencia. Gandhi es el padre de la quinta parte de la Humanidad, representada en esas dos naciones, que eran pueblos inermes, bajo feroz despotismo extranjero. Más de 400,000,000 de seres, completamente desarmados, explotados por una esclavitud inmisericorde. En su hambruna crónica y en su indefensión física les probó que podían morir por su Libertad, por su Soberanía y por su Independencia.

Amó a los suyos hasta el sacrificio, predicó el amor para los enemigos de su patria en el anhelo supremo de implantar una nueva orientación en las relaciones humanas e internacionales, fundada en el amor y la devoción mutua en nuestra común humanidad, sin distinción de seres, de castas, de razas, religión o nacionalidad.

El sacrificio, para ser sacrificio, tiene que ser en pos del Bien de los peores y de los más brutos.  Él ha vivido la Luz divina en toda su majestad. A los "Intocables", más de 60,000,000 de seres, condenados a la inferioridad perpetua por supuesta sanción eterna, les ofreció su amor con humildad nazarena y les dio la admonición a sus paisanos de que, si persistían en la condena de cualquier grupo social a una condición social de inferioridad perpetua, nunca merecería la India salir de su esclavitud y jamás vería el Sol de su Independencia. Los privilegiados hindúes vieron en él la revolución social más grande de la Historia y muy pocos han podido resistir el fuego de su amor de justicia para todos los indefensos.

Aunque era hindú por religión, por ser los musulmanes una minoría en la India total, aconsejó y logró que la mayoría del partido Nacionalista indio, aceptara para la presidencia del Movimiento Libertador a un ilustre musulmán.

A los ingleses se les presentó con el ramo de olivo, cuando reconocieron la justicia de la  Independencia de la India. Libre de odios y de rencores, impuso el respeto a los déspotas más sanguinarios. A la India entera la hizo abrazar la recuperación de su voluntad nacional y aceptar la no-cooperación con el despotismo extranjero que la sojuzgaba, como la fuerza eficaz para destruirlo. La no-cooperación con los opresores, en todos los órdenes, fue el poderoso y decisivo instrumento de su victoria.

Anheló la unión política de las dos naciones gemelas que constituyen la India. La India hindú y la India musulmana, que hoy constituyen los dos estados soberanos, libres e independientes, que se denominan la India y el Paquistán.

El rayo que ha caído sobre su cuerpo y cuya luz ciega de dolor a la humanidad entera, destruirá todos los odios que hoy dividen a las dos naciones gemelas y habrá paz y amor y unión espiritual entre la India y Paquistán mientras no se interponga una mano imperialista.

Gandhi para el mundo entero representa el poder infinito del espíritu.  Ya casi un esqueleto, era la fuerza emuladora de toda la humanidad esclava y bajo la superstición del poder de la técnica-mecánica contemporánea.

El Mahatma nos enseñó que el poder está dentro de nosotros y que la libertad debe estar primero en el alma y será invencible; que se impondrá sobre todos los despotismos.

Su enorme discipulado en las dos naciones gemelascriaturas suyas— de la India y Paquistán, aprenden a amar y a sacrificarse por todos los oprimidos dentro y fuera de su frontera.

Con emoción hemos oído de las ilustres delegaciones de la India y el Paquistán ante las Naciones Unidas la prédica del apostolado de Gandhi en favor de la independencia de todos los pueblos sojuzgados, como misión sagrada, permanente, a que están consagradas ambas naciones.

Estas dos eminentes delegaciones han mostrado profundo interés en la suerte de Puerto Rico. Uno de sus más ilustres portavoces, declaró: "Eso de que Puerto Rico no pueda sostenerse económicamente dentro de su Independencia es pura tontería". Los discípulos fieles a su apostolado en la India y Paquistán, mantienen en alto con otras naciones de igual orientación la antorcha de la Libertad y de la Independencia para todas las naciones sojuzgadas.

La India y Paquistán tienen en su poder el equilibrio del mundo. Inspiradas en el apostolado del Mahatma, auguran a la humanidad vida de dignidad y, a las naciones, independencia y felicidad en la Paz, que es el Estado Perfecto del Derecho.

Puerto Rico, en el infinito duelo de la India y del Paquistán, duelo que es de la humanidad entera, está también de duelo ante el tránsito del que nos dio a conocer, en  la vida laica, la Santidad en la frágil naturaleza humana.

*The Ruth M. Reynolds Papers, Centro de Estudios Puertorriqueños, Hunter College, CUNY. Puerto Rico, #4f4.

Albizu en Nueva York, 1944

Expediente FBI (Colección Aponte Vázquez-Ortiz Roldán).

Paquito

Ese día todo me salió mal. El abanico de techo se detuvo debido a una avería en la red de suministro de energía y me despertó el calor. Como mi estufa es eléctrica y se me había terminado el gas fluido para la de emergencias, no pude prepararme el desayuno. Opté por ir al deli en una megatienda del más cercano centro comercial y no podía prender el carro. Cuando lo logré, me percaté de que el tanque tenía menos del mínimo de gasolina que quiero mantener siempre en el tanque. Fui a la estación del vecindario, pero no tenían la que mi carro prefiere. Seguí hasta la próxima y resultó que sólo aceptaban pagos en efectivo y únicamente llevaba mis tarjetas de débito y de crédito. Hasta se me revolcó la úlcera y se me quitaron las ganas de desayunar por causa de las frustraciones, por lo que opté por comprar unas sardinas, pues dicen que son buenas para el corazón.

Una semana antes había ido a comprarlas en la pescadería de esa misma megatienda y no había quién me atendiera, por lo que había desistido. Llegué a la pescadería y me detuve justo al frente de las sardinas. No había dependientes atendiendo y esperé. Nadie venía y por una puerta entreabierta vi pasar a alguien y llamé. Nadie respondió. Saqué del bolsillo una moneda y dos veces toqué un ritmo sobre el metal de la nevera. En cada ocasión esperé y nadie respondió. Volví a tocar y nadie respondía. ¿Estarán sordos?  –murmuré y decidí que esta vez compraría las sardinas aunque tuviera que  buscar al gerente de la tienda–. Eso es –me dije y salí a buscarlo.

Caminé por varios pasillos escudriñando a los que veía con identificación de empleado de la tienda y ninguno me parecía ser el gerente, pues todos estaban muy ocupados. Decidí preguntarle al primer empleado que me pasó cerca:

–Mira, con permiso, ¿dónde puedo encontrar al gerente? –le pregunté.

El muchacho, de algunos 20 años, de cabello negro, abundante y ondulado, siguió apresurado su camino cual si nada le hubiera preguntado. Acababa de pasar bien cerca de mí, así que era imposible que no me oyera. Pensé que esa falta de respeto era el colmo. No podía creer que ni siquiera me contestaran una sencilla pregunta. Me pregunté qué clase de adiestramiento les dan a los empleados en esta megatienda, con tantos recursos económicos que tiene. Y aquel muchacho en plena juventud, ¿no lo educaron en su hogar? ¿Nadie le ha enseñado a tener cortesía con sus semejantes, sobre todo, con los ancianos? Lo seguí e insistí, ya molesto:

–Mira, con tu permiso, te pregunté dónde puedo ver al gerente –le repetí alzando un poco la voz.

El muchacho siguió caminando con la misma prisa, sin responderme. Entonces estallé:

–¡Mira, te estoy hablando! –le grité mientras trataba de alcanzarlo y lo vi desaparecer en la semioscuridad del almacén.

Me detuve furioso al frente de la entrada con la vista fija en la puerta y el estómago ardiendo y, mientras pensaba qué hacer, otro muchacho que acomodaba productos en los anaqueles de una nevera me desconcertó cuando me dijo con voz tenue y un dejo de preocupación:

–¡Señor, Paquito es sordo!