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En torno al desaforo del prócer Pedro Albizu Campos

Foro en torno al desaforo del prócer Pedro Albizu Campos y la decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico de sostener el mismo

(Este foro fue convocado por la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, en 10 de febrero de 1988 con la participación de los licenciados Carlos Gallisá y Carlos Vizcarrondo y el profesor Pedro Aponte Vázquez).

A continuación el testimonio de Pedro Aponte Vázquez:

El desaforo hace medio siglo del más prominente de cuantos abogados han prestigiado la profesión del Derecho en Puerto Rico, fue otro acto de represión de parte del Gobierno de Estados Unidos contra nuestro Movimiento de Liberación y quedará en la historia de la Humanidad como un bochorno más para la población blanca de esa nación agresora.

Por otra parte, la negativa del mal llamado Tribunal Supremo de Puerto Rico de reinstalar póstumamente como gesto simbólico a don Pedro Albizu Campos a la matrícula del Colegio de Abogados y subsanar así aquella grave ignominia, constituye un acto de servilismo y de cobardía de quienes se opusieron.

A los jueces que se opusieron de ese modo a la justicia nada les importó el hecho de que sus igualmente serviles antecesores de hace medio siglo carecieran en este asunto de fundamento legal para el desaforo, como tampoco les importó la conspiración judicial que precedió la convicción del licenciado ALBIZU CAMPOS que dio lugar a su desaforo.

Con estos atropellos ha quedado demostrado inequívocamente lo acertado del señalamiento del compañero ALBIZU al asegurarnos que “en todo gobierno, la judicatura es el perro guardián del régimen”.

Antecedentes y ambiente espiritual

Desde el año de 1932, cuando ALBIZU desenmascara ante la opinión pública mundial las actividades criminales del Gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico a través de la Fundación Rockefeller, la clase dominante yanki se vio en la necesidad de arremeter duramente contra aquel insobornable líder revolucionario hasta destruir el movimiento libertario del Partido Nacionalista. De esa necesidad surgen la Masacre de R¡o Piedras, la subsiguiente declaración de guerra del Jefe de la Polic¡a, el coronel Francis Riggs, la ejecución sumaria de Hiram Rosado y Elías Beauchamp, el enjuiciamiento de ALBIZU y del resto de los altos líderes del Partido Nacionalista, la Masacre de Ponce, el encarcelamiento de esos líderes en Atlanta y el desaforo que ha venido a ser un prestigio para el prócer y una vergüenza para la Judicatura.

Con toda seguridad, el desaforo del más prominente abogado puertorriqueño no fue meramente una oportunidad más de represión, sino una de las metas inmediatas del invasor. De hecho, es así como se nos presenta al final de una cadena de estremecedores acontecimientos que conducen hacia la inmovilización del Partido Nacionalista con la encarcelación de sus miembros y, finalmente, hacia la tortura y el asesinato del intimidante orador; del genial defensor.

Por si hubiera alguna duda sobre cuál había sido el impacto de Albizu en nuestra nación a principios de la década del ’30 y sobre el ambiente espiritual de la época, oigamos lo que compuso un cantor desconocido en pie forza’o en esa época:

¡Viva mi Borinquen bella

que tiene un libertador

viva su brillante sol y

sus lucientes estrellas

viva la mujer que en ella

al hombre mitiga el llanto

viva el partido que en tanto

la independencia proclama,

viva Cuba, viva España

viva Pedro Albizu Campos!

Nótese que desde principios de la década a Albizu ya se le llamaba “Libertador”. A mediados de la misma década nos dice Julia de Burgos:

…aquí está tu tierra

tu única vaquita

tu tala y tu yegua

contémplalo todo:

fachadas, banqueros, monedas;

empuña bien fuerte el machete

y prosigue y d¡ “¡Hasta la vuelta!”

Acércate, hay muchos que esperan

la llegada tuya

que es hoy decisiva

en la causa nuestra

agarra tu azada

empuña el machete

y abraza las filas

de la independencia.

¡Traidores y Judas, TEMBLAD!

que es nuestra la hora,

nuestra la victoria,

nuestra la república

nuestra su grandeza.

Síntesis

Del choque dialéctico entre la solicitud del Colegio de Abogados de que sea borrado el desaforo y la cobarde y antipuertorriqueña conducta del tribunal de Puerta de Tierra de sostener el mismo, surge la posibilidad de una interesante síntesis. De lo que he logrado aprender hasta ahora sobre la personalidad del compañero Albizu Campos me llega la impresión de que él se habría opuesto a la solicitud de que se borrara su desaforo. Creo que para él habría sido como arrebatarle algo que se había ganado tras ardua lucha.

Considérese el hecho de que Albizu no tuvo necesidad alguna del título de abogado para dedicar su vida a defender la dignidad del Pueblo puertorriqueño (de todos los puertorriqueños.) No lo necesitó tampoco para obligar al enemigo de su Pueblo a deshacerse de las leyes de La Mordaza que servilmente preparó a la medida para él aquel sastre jurídico de nombre José Trías Monge con el propósito de volver a encarcelarlo y asestarle el golpe final a su Movimiento Libertador. El desaforo NO le impidió tampoco actuar de asesor legal de sus abogados. Más aún, con todo y desaforo, son muchos más los abogados que admiran y hasta tratan de emularlo, y algunos logran acercarse, que los que admiran y tratan de emular a los propios jueces que han decretado y sostenido la represión del perro gurdián del régimen en contra del prócer.

Finalmente, las opiniones de Albizu han sido sostenidas después de 50, 60 y hasta 70 años por el Tribunal Supremo de la Historia, hecho que no distingue al tribunal de Puerta de Tierra. Es forzoso concluir, pues, que un Albizu sin desaforo sería un Albizu incompleto. Un prócer trunco.

Hoy día, cuando el Colegio de Abogados de Puerto Rico, el mismo que siempre le dio la espalda, se ha percatado de lo injusto que ha sido históricamente para con el más prominente de sus miembros, el mal llamado Tribunal Supremo pone en sus manos una oportunidad más de reivindicarse ante la Historia y ante la Humanidad. El Colegio de Abogados tiene hoy la histórica opción de reinstalar simbólicamente al licenciado Pedro Albizu Campos a su matrícula por encima del desaforo en condición de “MIEMBRO HONORARIO DISTINGUIDO,” designación que deberá existir exclusivamente para el Maestro y Mártir.