link0 link1 link2 link3 link4 link5 link6 link7 link8 link9 link10 link11 link12 link13 link14 link15 link16 link17 link18 link19 link20 link21 link22 link23 link24 link25 link26 link27 link28 link29 link30 link31 link32 link33 link34 link35 link36 link37 link38 link39 link40 link41 link42 link43 link44 link45 link46 link47 link48 link49 link50 link51 link52 link53 link54 link55 link56 link57 link58 link59 link60 link61 link62 link63 link64 link65 link66 link67 link68 link69 link70 link71 link72 link73 link74 link75 link76 link77 link78 link79 link80 link81 link82 link83 link84 link85 link86 link87 link88 link89 link90 link91 link92 link93 link94 link95 link96 link97 link98 link99 link100 link101 link102 link103 link104 link105 link106 link107 link108 link109 link110 link111 link112 link113 link114 link115 link116 link117 link118 link119

Category Archives: Albizu

En torno al desaforo del prócer Pedro Albizu Campos

Foro en torno al desaforo del prócer Pedro Albizu Campos y la decisión del Tribunal Supremo de Puerto Rico de sostener el mismo

(Este foro fue convocado por la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, en 10 de febrero de 1988 con la participación de los licenciados Carlos Gallisá y Carlos Vizcarrondo y el profesor Pedro Aponte Vázquez).

A continuación el testimonio de Pedro Aponte Vázquez:

El desaforo hace medio siglo del más prominente de cuantos abogados han prestigiado la profesión del Derecho en Puerto Rico, fue otro acto de represión de parte del Gobierno de Estados Unidos contra nuestro Movimiento de Liberación y quedará en la historia de la Humanidad como un bochorno más para la población blanca de esa nación agresora.

Por otra parte, la negativa del mal llamado Tribunal Supremo de Puerto Rico de reinstalar póstumamente como gesto simbólico a don Pedro Albizu Campos a la matrícula del Colegio de Abogados y subsanar así aquella grave ignominia, constituye un acto de servilismo y de cobardía de quienes se opusieron.

A los jueces que se opusieron de ese modo a la justicia nada les importó el hecho de que sus igualmente serviles antecesores de hace medio siglo carecieran en este asunto de fundamento legal para el desaforo, como tampoco les importó la conspiración judicial que precedió la convicción del licenciado ALBIZU CAMPOS que dio lugar a su desaforo.

Con estos atropellos ha quedado demostrado inequívocamente lo acertado del señalamiento del compañero ALBIZU al asegurarnos que “en todo gobierno, la judicatura es el perro guardián del régimen”.

Antecedentes y ambiente espiritual

Desde el año de 1932, cuando ALBIZU desenmascara ante la opinión pública mundial las actividades criminales del Gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico a través de la Fundación Rockefeller, la clase dominante yanki se vio en la necesidad de arremeter duramente contra aquel insobornable líder revolucionario hasta destruir el movimiento libertario del Partido Nacionalista. De esa necesidad surgen la Masacre de R¡o Piedras, la subsiguiente declaración de guerra del Jefe de la Polic¡a, el coronel Francis Riggs, la ejecución sumaria de Hiram Rosado y Elías Beauchamp, el enjuiciamiento de ALBIZU y del resto de los altos líderes del Partido Nacionalista, la Masacre de Ponce, el encarcelamiento de esos líderes en Atlanta y el desaforo que ha venido a ser un prestigio para el prócer y una vergüenza para la Judicatura.

Con toda seguridad, el desaforo del más prominente abogado puertorriqueño no fue meramente una oportunidad más de represión, sino una de las metas inmediatas del invasor. De hecho, es así como se nos presenta al final de una cadena de estremecedores acontecimientos que conducen hacia la inmovilización del Partido Nacionalista con la encarcelación de sus miembros y, finalmente, hacia la tortura y el asesinato del intimidante orador; del genial defensor.

Por si hubiera alguna duda sobre cuál había sido el impacto de Albizu en nuestra nación a principios de la década del ’30 y sobre el ambiente espiritual de la época, oigamos lo que compuso un cantor desconocido en pie forza’o en esa época:

¡Viva mi Borinquen bella

que tiene un libertador

viva su brillante sol y

sus lucientes estrellas

viva la mujer que en ella

al hombre mitiga el llanto

viva el partido que en tanto

la independencia proclama,

viva Cuba, viva España

viva Pedro Albizu Campos!

Nótese que desde principios de la década a Albizu ya se le llamaba “Libertador”. A mediados de la misma década nos dice Julia de Burgos:

…aquí está tu tierra

tu única vaquita

tu tala y tu yegua

contémplalo todo:

fachadas, banqueros, monedas;

empuña bien fuerte el machete

y prosigue y d¡ “¡Hasta la vuelta!”

Acércate, hay muchos que esperan

la llegada tuya

que es hoy decisiva

en la causa nuestra

agarra tu azada

empuña el machete

y abraza las filas

de la independencia.

¡Traidores y Judas, TEMBLAD!

que es nuestra la hora,

nuestra la victoria,

nuestra la república

nuestra su grandeza.

Síntesis

Del choque dialéctico entre la solicitud del Colegio de Abogados de que sea borrado el desaforo y la cobarde y antipuertorriqueña conducta del tribunal de Puerta de Tierra de sostener el mismo, surge la posibilidad de una interesante síntesis. De lo que he logrado aprender hasta ahora sobre la personalidad del compañero Albizu Campos me llega la impresión de que él se habría opuesto a la solicitud de que se borrara su desaforo. Creo que para él habría sido como arrebatarle algo que se había ganado tras ardua lucha.

Considérese el hecho de que Albizu no tuvo necesidad alguna del título de abogado para dedicar su vida a defender la dignidad del Pueblo puertorriqueño (de todos los puertorriqueños.) No lo necesitó tampoco para obligar al enemigo de su Pueblo a deshacerse de las leyes de La Mordaza que servilmente preparó a la medida para él aquel sastre jurídico de nombre José Trías Monge con el propósito de volver a encarcelarlo y asestarle el golpe final a su Movimiento Libertador. El desaforo NO le impidió tampoco actuar de asesor legal de sus abogados. Más aún, con todo y desaforo, son muchos más los abogados que admiran y hasta tratan de emularlo, y algunos logran acercarse, que los que admiran y tratan de emular a los propios jueces que han decretado y sostenido la represión del perro gurdián del régimen en contra del prócer.

Finalmente, las opiniones de Albizu han sido sostenidas después de 50, 60 y hasta 70 años por el Tribunal Supremo de la Historia, hecho que no distingue al tribunal de Puerta de Tierra. Es forzoso concluir, pues, que un Albizu sin desaforo sería un Albizu incompleto. Un prócer trunco.

Hoy día, cuando el Colegio de Abogados de Puerto Rico, el mismo que siempre le dio la espalda, se ha percatado de lo injusto que ha sido históricamente para con el más prominente de sus miembros, el mal llamado Tribunal Supremo pone en sus manos una oportunidad más de reivindicarse ante la Historia y ante la Humanidad. El Colegio de Abogados tiene hoy la histórica opción de reinstalar simbólicamente al licenciado Pedro Albizu Campos a su matrícula por encima del desaforo en condición de “MIEMBRO HONORARIO DISTINGUIDO,” designación que deberá existir exclusivamente para el Maestro y Mártir.

Cese ya, Rosa Meneses

Rosa Meneses Albizu (El Nuevo Día)

Rosa Meneses Albizu (El Nuevo Día)

Rosa Meneses Albizu debe cesar ya de usufructuar en el plano personal los apellidos y la gesta de su abuelo materno y, sobre todo, de utilizarlos ambos para metódicamente sabotear los intentos de lucha libertaria de esta patria nuestra que no es la suya.

WAR AGAINST WHO?

© 2015 Pedro Aponte-Vázquez

(Translated from Spanish by its author).

It is surprising to realize that the book War Against all Puerto Ricans has been defended “with tooth and nails” by people who haven’t even read it and even by others who are well aware of the fallacies, exaggerations, and half-truths it contains and describes, as well as of the fact that its author defames the Nationalist leader Pedro Albizu-Campos. Perhaps there will be in the Academy students and professors who will study this event as a monumental phenomenon of marketing, public relations, and open and effective manipulation of the mass media.

Were it the plot of a novel based upon a handful of twisted historical facts, we could state that don Pedro Albizu-Campos is the protagonist and the U. S. Government is the antagonist with numerous secondary characters who nonetheless are also important. On the other hand, if it was the purpose of the author to write an authentic historiography about the invasion and military occupation of Puerto Rico and the armed resistance by the Nationalist Party, it is a forced conclusion that it does not meet the indispensable conditions of the rigorous account that he promised.

Nelson A. Denis, a New York politician who was a state assemblyman during four years and lost his seat in 2000, is marketing a history book for which he claims having spent forty years just gathering data. Denis, born in New York City on September 10, 1954 of a Cuban father and a Puerto Rican mother, says that, in addition to reading a a great number of historiographical sources, he examined the file that the FBI kept on Albizu and interviewed many Nationalists and veterans of the 65 Infantry Regiment, a U. S. Army unit known as the Borinqueneers (after Borinquen, Puerto Rico’s Indian name). He says that he became interested in writing this book after meeting in the city of Caguas, Puerto Rico, a relative who told him he had been Albizu’s “bodyguard”.

Those of us who have spent years researching Albizu and the Puerto Rico Nationalist Party-Liberating Movement through the examination of documents, often original ones, in addition to personal interviews, know that the persons who have claimed having been Albizu’s bodyguards, drivers, barbers, and even prison guards without showing any documentary evidence and without their claims having been corroborated by other means have not been scarce. That Denis accepted his relative’s claim without any corroboration, would not be relevant were it not for the fact that such is his way of not only interviewing, but also of reporting the outcome of his interviews.

Of course, oral history is a valuable resource in historical research when there are no documentary sources or the existing ones are not available. This author not only has used it, but also established on his own initiative an Oral History Center at the Polytechnic University of Puerto Rico, where I was a professor and Dean of Students. However, it is a must that those who resort to oral history research ascertain that the persons interviewed are highly credible sources whose vital experiences clearly show that they do deeply know the matter about which they report. In War Against all Puerto Ricans, the author used this resource, but he does not tell us who were the persons he interviewed, why he considers them to be credible, or where or when he conducted the interviews. Granted that it is reasonable to omit a source’s name if the person requires beforehand to remain anonymous as a condition to reveal information, but such was not the case with the many persons Denis claims to have interviewed.

There are other serious deficiencies. Too many bibliographical notes don’t respond to the text with which they are linked in the body of the book or in which the sources mentioned are not the correct ones. It is not prudent to enumerate them in this so limited space, so I will only mention some examples that are not necessarily the most eloquent, but rather the ones readily at hand.

In note # 20, page 333, the author provides as bibliographical source magazine Verdad, February 1953 edition, No. 8, Year I, but if you look that up, you won’t find the quoted article, for the right year is II. Something similar happens regarding note No. 5, page 333, Pedro Aponte Vázquez, Yo acuso y lo que pasó después. (Bayamón, P. R.: Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., 1985, 41). Number 41 refers to page 41 of that book, but the edition of the book with that title was not published by the Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., for which reason, if you look for page 41 you won’t find the pertinent data. That organization published only the book titled ¡Yo acuso!: Tortura y asesinato de don Pedro Albizu Campos. There have been several editions with the same title and several more with the subtitle Y lo que pasó después, but there is no text whatsoever on page 41 or, if there is any text, it does not correspond to note No. 5.

Moreover, the author provides the FBI file as reference for plenty of data and, although he does mention the section where they are supposed to be, he does not say who originates the document, its date, subject, and to whom it was addressed. Instead of providing those data in order to facilitate the search for the document, Denis provides the section number followed by a figure which readers will interpret as page number. For instance, in note 25 of page 334, the author refers the reader to “Section No. VIII, 66-67”; that is: pages 66 to 67 of that Section. The problem is that that file is not set up that way, as consecutive pages as in a book, but on the basis of individual documents. Indeed, some documents may have several pages (in which case it is advisable to say how many), but the reader needs to know what kind of document is involved, its date, who sends it and to whom and even about what subject in order to be able to find it. This deficiency causes the impression that the person who wrote the book does not know how the quoted file is organized and, still worse, it impedes the reader to verify where the data came from.

Besides those notes not being useful, the author makes surprising statements which trusting readers will accept at face value without knowing whether they are true or not, unless, having researched those specific events or historical figures or for some other reason, they know if the statements are true or not. Let’s see some examples without any pretense of being exhaustive:

  1. In relation to the book’s title itself, the author gives a false quote and refuses to admit it. In the course of his publicity campaign, he started by saying that the title was based on statements by chief of Puerto Rico Police Elisha Francis Riggs to the effect that there would be [war to death against all Puerto Ricans”, which Denis knows is not true. Riggs did say that there would be “war, ceaseless war, not against politicians, but war against criminals” (See: La Democracia, 26 oct 1935). The news item begins on page 1 and continues on page 8. At the end of the column on page 1, reference is made to statements by colonel Riggs, but they begin and end on page 8).
  2. In the Preface to his book, Denis mentions contradictory data about what supposedly happened to his father when he, Denis, was a child. Then, during his publicity campaign, he adopts one of the two, to wit: That “it was 3:00 in the morning of an October day in 1962 when FBI agents knocked at the door in building 600, 161st street where he lived with his family in Washington Heights. His father, an elevator operator who admired the Cuban Revolution, was arrested on alleged spying charges. Without an audience or trial, Antonio Denis Jordán was deported to La Habana”. (El Nuevo Día interview with Nelson Denis, 18 May 2015). This is not true, for Antonio Denis Jordán was neither arrested nor deported, but instead left the country for La Habana spontaneously (See: http://archive.org/…/annu…/annualreportofim1963unit_djvu.txt).
  3. On pages 129-130, besides putting Albizu to crawl on the floor and then accept being the subject of a vulgar joke and take part in it, the author did not care about the known fact that Albizu did not drink alcoholic beverages and says that, when he sat at the Salón Boricua barber shop for a haircut, he would “take a shot of rum”.
  4. Relatives of José (Águila Blanca) Maldonado, including his granddaughter, author Margarita Maldonado Colón, stress that they have no knowledge regarding Denis’s claim that Maldonado was the owner of Salón Boricua barber shop and that he had ceded it to Vidal Santiago. Furthermore, they ascertain that Maldonado did not die there, but at his home (Article by Maldonado Colón in this author’s files).
  5. Some of Denis’s data pertaining to Vidal Santiago do not agree with reality. According to information obtained from reliable sources by a researcher of Albizu and of other Nationalists, “Vidal’s father did not die in a sugar cane field, neither was he a Reader for the workers, nor did he ever go to Ybor City in Florida; Vidal did not graduate from high school; there was no hole or hiding place between the barber shop and his living quarters; Vidal didn’t drink and neither did don Pedro; Águila Blanca did not cede Vidal that property and did not die in Salón Boricua nor did he write a book about the barber shop (Edwin Rosario, quoted in Iris Zavala Martínez, “Observaciones acerca de War Against All Puerto Ricans de Nelson Denis”, sent by electronic mail, July 1, 2015).
  6. On page 164, Denis says that, on September, 1930, doctor Cornelius Rhoads injected Maldonado something that caused the throat cancer of which he in fact died. However, by that date, Rhoads was not in Puerto Rico, having arrived on June, 1931. (Pedro Aponte Vázquez, “Necator Americanus: O sobre la fisiología del caso Rhoads”. Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Vol. 43, Núm. 1, febrero, 1982, pp. 117-142). Apropos of doctor Rhoads, it stimulates curiosity to realize that Denis dedicates only the equivalent of a page to that case and describes Rhoads as “a new physician” at Presbyterian Hospital. He thus omits the fact that the notorious and influential Rockefeller Foundation, with headquarters in the City of New York, sent him with other physicians to San Juan to experiment with women, men, and children and participated in the cover up of the murders he confessed.
  7. In note # 24, chapter 21, “Atomic Lynching”, pages 333-334, the author says that Herminia Rijos, who visited Albizu in his place of residence on the corner of Del Sol and De La Cruz streets, had visited him in La Princesa jail and that she was a friend of Albizu’s family. None of this is true. I interviewed Rijos at her home and she told me that she had gone to see him at his place of residence because, having been married to a Nationalist, she was aware of his allegations [of torture] and felt “curiosity”. It does not follow, from the document Denis quotes and of which Reynolds had given me a copy, that Rijos had visited Albizu at La Princesa nor that she was a friend of his family (See: Testimonio de Herminia Rijos en NY, 1 Feb 54, about her visit to Albizu in 1953 regarding burns on his whole body, Colección Pedro Aponte Vázquez-Judith Ortiz Roldán, Archivo de la Fundación Luis Muñoz Marín (FLMM), Box 1, folder No. 101). Later, I gave TV reporter Sylvia Gómez this information when she visited me for an interview on July 4, 1985 at my home for a television documentary to which Denis refers on that note (audio tape of our conversation in Colección Puertorriqueña, Biblioteca Lázaro, UPR, Río Piedras and in FLMM).
  8. It is curious that, in addition, Denis omits very important data, as is the case pertaining to Braverman vs. United States (317 U. S. 49). Whoever knows the Puerto Rico Nationalist Party-Liberation Movement with reasonable depth and has carefully examined the FBI file on Albizu, can’t miss the significant legal and historical implications of the opinion of Chief Justice Harlan Stone of the U. S. Supreme Court in that historical case ―without having studied Law, contrary to Denis (See: http://pedroapontevazquez.com/opinion-de-un-constitucionalista-sobre-braverman-vs-united-states/). Those implications affected Albizu directly and, indirectly, the subsequent development of our political history, for Stone’s opinion was the reason Albizu was able to walk out of the Atlanta federal penitentiary without accepting any conditions, to stay in New York for as long as he wanted to, and to return to Puerto Rico when he deemed it convenient, all of this without federal Judge Robert Cooper revoking the four-year probation he had imposed upon him in addition to the six years in prison (See: Pedro Aponte Vázquez, Pedro Albizu Campos: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 1991 y Albizu: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 2,000. Augmented edition).

Denis went overboard when he affirmed that there was no armed resistance in Puerto Rico to the invasion by the U. S. Army in July, 1898. Finally, for the benefit of all the interested parties, the author ought to closely revise his book and make all the corrections that have been pointed out to him, both publicly and in private, before it is translated into Spanish and before the English version is published as paperback.#

 

¿Guerra contra quién?

© 2015 Pedro Aponte Vázquez

Me sorprende que el libro War Against all Puerto Ricans, haya sido defendido “con uñas y dientes” por personas que ni siquiera lo han leído y hasta por otras que están conscientes de las falacias, exageraciones y verdades a medias que narra y describe, así como del hecho de que el autor difama al líder Nacionalista Pedro Albizu Campos. Tal vez en la Academia habrá estudiantes y profesores que estudiarán este acontecimiento como un monumental fenómeno de mercadeo, de relaciones públicas y de abierta y eficaz manipulación de los medios de comunicación masiva.

Si fuera la trama de una novela basada en un puñado de hechos históricos distorsionados, podríamos afirmar que don Pedro Albizu Campos es el protagonista y el gobierno estadounidense es el antagonista con numerosos personajes secundarios que no por ello dejan de ser importantes. Por otra parte, si el autor intentó escribir una auténtica obra de historiografía sobre la invasión y ocupación militar de Puerto Rico y la resistencia armada del Partido Nacionalista, es forzoso concluir que no reúne las condiciones indispensables de la rigurosa narración histórica que nos anticipó.

Nelson A. Denis, un político de Nueva York que fue asambleísta estatal durante cuatro años y perdió su escaño en el 2000, mercadea un libro de historia para el cual nos dice que estuvo haciendo acopio de datos nada menos que durante 40 años. Nos dice Denis, nacido el 10 de septiembre de 1954 en Nueva York de padre cubano y madre boricua, que además de leer una gran diversidad de fuentes historiográficas, examinó el expediente que el FBI mantuvo sobre Albizu y entrevistó a muchos Nacionalistas y a veteranos del Regimiento 65 de Infantería. Su interés en escribir el libro dice él que surgió luego de conocer en Caguas, Puerto Rico, a un pariente suyo que le dijo haber sido “guardaespaldas” de Albizu.

Quienes hemos dedicado largos años a estudiar a Albizu y el Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador mediante el examen de documentos, muchas veces originales, además de entrevistas personales, sabemos que no han sido pocas las personas que han alegado ser guardaespaldas, choferes, barberos, y hasta custodios del prócer sin mostrar prueba documental alguna y sin que sus alegaciones hayan podido ser corroboradas por otros medios. El Denis aceptar como un hecho lo que le dijo su pariente sin pedirle ni obtener prueba alguna carecería de importancia si no fuera porque luego vemos que ese es su modo no sólo de entrevistar, sino también, de narrar el producto de sus entrevistas.

Desde luego que la historia oral puede ser un valioso recurso de investigación histórica cuando no existen o no están accesibles genuinas fuentes documentales. Este autor no sólo la ha utilizado, sino que estableció por propia iniciativa un Centro de Historia Oral en la Universidad Politécnica de Puerto Rico, donde laboró. No obstante, es preciso que quien investiga se asegure de que sus fuentes son personas de alta credibilidad en cuyas vivencias existan indicios fehacientes de que conocen a fondo el asunto sobre el cual informan. En War Against all Puerto Ricans, el autor utiliza ese recurso, pero no nos dice quiénes son las personas que entrevistó, por qué las considera fuentes fidedignas, ni dónde, ni cuándo hizo las entrevistas. Por supuesto, es razonable omitir el nombre de la fuente que uno como autor cita si la persona entrevistada requiere de antemano permanecer en el anonimato como condición para dar la información, pero ese no fue el caso con las muchísimas personas a las que Denis dice haber entrevistado.

Hay otras serias deficiencias. Son numerosas las notas bibliográficas que no responden al texto al cual están vinculadas las llamadas en el cuerpo del libro o en las que la fuente mencionada no es la correcta. No es prudente enumerarlas en este limitadísimo espacio, de modo que mencionaré sólo algunos ejemplos que no son necesariamente los más elocuentes, sino los que de pronto pude corroborar.

En la nota # 20, pág. 333, el autor ofrece como ficha bibliográfica la Revista Verdad, edición de febrero de 1953, Núm. 8, Año I, pero si usted busca ese número de la Revista, no encuentra el reportaje aludido, pues el año correcto es el II. Algo parecido sucedería en relación con la nota Núm. 5, en la pág. 333, Pedro Aponte Vázquez, Yo acuso y lo que pasó después. (Bayamón, P. R.: Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., 1985, 41). El 41 se refiere a la página del libro a la cual alude la nota, pero la edición del libro con ese título no la publicó el Movimiento Ecuménico Nacional de P.R., por lo que, si usted busca la página 41 no encontrará la información correspondiente. Esa organización publicó solamente el libro titulado ¡Yo acuso!: Tortura y asesinato de don Pedro Albizu Campos. Luego ha habido varias ediciones con el mismo título y varias más con el subtítulo “Y lo que pasó después”, pero en la página 41 no hay texto o el que hay no corresponde a la mencionada nota Núm. 5.

Además, para algunos datos el autor provee como referencia el expediente del FBI y, aunque menciona la carpeta donde se supone que están los mismos, no dice quién origina el documento, la fecha, el asunto y a quién o quiénes va dirigido. En lugar de proveer esos datos que facilitarían la localización del documento, Denis provee el número de la carpeta, seguido de un número que el lector interpretará como número de página. Por ejemplo, en la nota 25 de la pág. 334, el autor refiere al lector a la “Carpeta Núm. VIII, 66-67”; es decir, las páginas de la 66 a la 67 de esa Carpeta. El problema es que ese expediente no está organizado a base de páginas consecutivas, como las de un libro, sino a base de documentos individuales. Algunos documentos, sí pueden contener más de una página (en cuyo caso conviene decir cuántas son), pero el lector necesita saber de qué tipo de documento se trata y de qué fecha y quién lo envía y a quién y hasta sobre qué asunto, para poder encontrarlo. La deficiencia señalada causa la impresión de que la persona que redactó el texto no sabe cómo está organizado el citado expediente y, peor aún, le impide al lector verificar la procedencia de la información.

Además de esas notas bibliográficas no ser de utilidad, el autor hace sorprendentes afirmaciones que los lectores confiados aceptarán como hechos constatados sin saber si lo son o no a menos que, por ser estudiosos de los sucesos específicos o de los personajes históricos o por alguna otra razón, sepan si tales afirmaciones son verídicas o si carecen de veracidad. Veamos algunos ejemplos sin pretensión alguna de ser exhaustivo:

  1. En relación con el título mismo del libro el autor provee un dato falso y rehúsa admitirlo. Durante sus entrevistas comenzó a decir que el título se basa en declaraciones del coronel E. Francis Riggs, a los efectos de que habría “guerra a muerte contra todos los puertorriqueños”, lo cual sabe que es falso. Riggs dijo que habría “guerra, guerra sin cesar, no contra políticos, sino guerra contra criminales”. (Vea: La Democracia, 26 oct 1935). La noticia comienza en la página de portada y termina en la página 8. Al final de la información en la página 1, se alude a las declaraciones del coronel y jefe de la Policía de Puerto Rico Elisha Francis Riggs, pero las mismas comienzan y terminan en la página de continuación, la 8).
  2. En el prefacio de su libro Denis ofrece datos contradictorios sobre lo que supuestamente le sucedió a su padre cuando él era niño. Luego, durante la propaganda de su libro, adopta una de las versiones, a saber: Que “eran las 3:00 de la mañana de un día de octubre de 1962 cuando agentes del FBI tocaron a la puerta del edificio 600 de la calle 161 en que vivía con su familia en Washington Heights. Arrestaron a su padre, un operador de elevador admirador de la revolución cubana, por supuesto espionaje político. Sin audiencia o juicio, Antonio Denis Jordán fue deportado a La Habana”. (El Nuevo Día entrevista a Nelson Denis, 18 mayo 2015). Este dato es falso, pues Antonio Denis Jordán no fue arrestado ni deportado, sino que abandonó el país espontáneamente. (Vea http://archive.org/…/annu…/annualreportofim1963unit_djvu.txt).
  3. En las páginas 129-130, además de poner a Albizu a arrastrarse por el piso para luego aceptar ser objeto de una broma vulgar y ser parte de la misma, al autor nada le importó que don Pedro nunca tomaba bebidas alcohólicas y aquí dice que cuando éste se sentaba en la barbería Salón Boricua para recortarse “se daba un palo de ron”.
  4. Familiares de José (Águila Blanca) Maldonado, incluyendo a su nieta, la escritora Margarita Maldonado Colón, afirman desconocer que éste fuera el dueño de la barbería Salón Boricua y que se la hubiera traspasado a Vidal Santiago. Además, aseguran que no murió allí, sino en su hogar. (Artículo de Maldonado Colón en el archivo de este autor).
  5. No concuerdan con la realidad algunas afirmaciones de Denis sobre el patriota Vidal Santiago. Según información que un estudioso de la vida de Albizu y de otros Nacionalistas obtuvo de fuentes bien informadas, “el papá de Vidal no murió en el cañaveral ni fue Lector para los obreros ni fue a Ybor City en la Florida; Vidal no obtuvo un diploma de Escuela Superior; no había ningún hueco o escondite entre la barbería y su casa familiar al lado; Vidal no bebía ni Don Pedro; Águila Blanca no le dejó esa propiedad a Vidal ni murió en el Salón Boricua ni escribió un libro sobre la barbería.”. (Edwin Rosario, citado en Iris Zavala Martínez, “Observaciones acerca de War Against All Puerto Ricans de Nelson Denis”, enviado por correo electrónico, 1ro jul 15).
  6. En la página 164, Denis afirma que en septiembre de 1930 el doctor Cornelius Rhoads le inyectó a Maldonado algo que le causó el cáncer de la garganta del cual en efecto murió. No obstante, para esa fecha Rhoads no estaba en Puerto Rico, pues llegó en junio de 1931. (Pedro Aponte Vázquez, “Necator Americanus: O sobre la fisiología del caso Rhoads”. Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, Vol. 43, Núm. 1, febrero, 1982, págs. 117-142). A propósito del doctor Rhoads, estimula la curiosidad el que solamente le dedica una página a ese caso y sobre él dice que era “un nuevo médico” del Hospital Presbiteriano. Omite el hecho de que la notoria e influyente Fundación Rockefeller, con sede en la Ciudad de Nueva York, lo envió a San Juan con otros médicos a experimentar con mujeres, hombres y niños y que tomó parte activamente en el encubrimiento de los asesinatos que Rhoads confesó.
  7. En la Nota # 24 del capítulo 21, “Atomic Lynching”, pág. 333, la que continúa en la pág. 334, el autor dice que la señora Herminia Rijos, quien visitó a Albizu en su lugar de residencia en la esquina de las calles Del Sol y De La Cruz, lo había visitado en la cárcel La Princesa y que era amiga de la familia del prócer. Ni lo uno ni lo otro es correcto. Entrevisté a la señora Rijos en su residencia y me dijo que fue a verlo en su lugar de residencia porque, por haber sido esposa de un Nacionalista, sabía de las quejas de Albizu y “tenía curiosidad”. Del documento al que Denis alude, del cual Reynolds me proveyó copia, no se desprende que Rijos visitara a Albizu en La Princesa ni que fuera amiga de su familia. (Vea: Testimonio de Herminia Rijos en NY, 1 feb 54, sobre su visita a Albizu en 1953 (en inglés) sobre quemaduras en todo el cuerpo, Colección Pedro Aponte Vázquez-Judith Ortiz Roldán, Archivo de la Fundación Luis Muñoz Marín (FLMM), Caja 1, cartapacio Núm. 101) Le di esta información luego a Sylvia Gómez en ocasión de entrevistarme el 4 de julio 1985 en mi residencia para el documental televisivo al cual Denis alude en esa misma nota (grabación audio de nuestra conversación en la Colección Puertorriqueña, Biblioteca Lázaro, UPR, Río Piedras y en FLMM).
  8. Es curioso que, además, Denis omitió importantísimos datos, como lo son los pertinentes a Braverman vs. United States (317 U. S. 49). Nadie que conozca al Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador con razonable profundidad y haya examinado detenidamente el expediente del FBI sobre Albizu, puede evitar percatarse de las significativas implicaciones legales e históricas de la opinión del juez presidente de la corte suprema de Estados Unidos Harlan Stone en ese histórico caso ―aun sin haber estudiado Derecho, contrario a Denis (http://pedroapontevazquez.com/opinion-de-un-constitucionalista-sobre-braverman-vs-united-states/). Las mismas afectaron directamente a Albizu e indirectamente el subsiguiente desarrollo de nuestra historia política, pues la opinión de Stone fue la causa de que Albizu pudiera salir de la cárcel de Atlanta sin aceptar condiciones, permanecer en Nueva York a su antojo y regresar cuando lo estimó prudente, todo ello sin que el Juez Robert Cooper le revocara la libertad condicional de cuatro años que le impuso sobre los seis de prisión. (Pedro Aponte Vázquez, Pedro Albizu Campos: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 1991 y Albizu: Su persecución por el FBI. San Juan: Publicaciones RENÉ, 2,000. Ed. ampliada).

Colma la copa la afirmación de Denis de que en nuestra patria no hubo resistencia a la invasión del 98. En fin, para bien de todas las partes interesadas, el autor haría bien en revisar minuciosamente este libro y corregir las fallas que se le han señalado públicamente y en privado antes de que se le traduzca al español y de que salga su tirada en inglés en rústica. #

Nota del autor: Esta versión contiene algunas modificaciones de estilo. Artículo publicado originalmente en el semanario Claridad, suplemento “En Rojo”, págs. 14-15, 16-22 julio, 2015.

Sigue en pie profanación de Albizu

Sin el menor sonrojo, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y “sus Comités de Ponce, Caguas, Mayagüez y San Sebastián junto al Comité Pro Conmemoración Natalicio Don Pedro Albizu Campos” continúan con su insólito empeño de ultrajar a sabiendas la memoria del prócer Pedro Albizu Campos y profanar su monumento en Tenerías, lugar de su nacimiento, con la presentación allí de un libro que lo difama; un libro que distorsiona nuestra Historia y que cataloga de “asesinos” a Oscar Collazo y a Griselio Torresola y, por extensión, a todos aquellos que han defendido a la patria con las armas. ¿Qué diría de esto Filiberto Ojeda Ríos?

Albizu, quemaduras foto Policía de P. R. 2 Albizu, munomento en Tenerías, foto Pedro Aponte Vázquez

Pobre de Albizu

El Partido Independentista Puertorriqueño, con la colaboración ―según se ha anunciado― del Comité Pro Conmemoración del Natalicio don Pedro Albizu Campos, se propone presentar el controvertido libro War Against all Puerto Ricans nada menos que en Tenerías, ante la estatua del prócer Pedro Albizu Campos, y sostener allí un conversatorio con su ya desprestigiado autor: un ambicioso político de Nueva York.

Celebrar semejante acto constituiría un ultraje de la memoria de Albizu por tratarse de la presentación de un libro henchido de fantasías que disimuladamente lo presenta a sus lectores como un vulgar charlatán que se arrastraba por el piso, que no se recortaba a menos que se tomara antes un palo de ron y que salía de la barbería conduciendo un Chrysler dizque de su propiedad.

Exhorto a las compañeras y compañeros del Comité Pro Conmemoración del Natalicio de don Pedro Albizu Campos a evitar esa vil profanación de la memoria de don Pedro por parte del Partido Independentista Puertorriqueño y de ese modo evitar causar aún más divisiones dentro del fragmentado campo independentista.

BRAVERMAN v. UNITED STATES

The opinion of the U. S. Supreme Court in Braverman v. United States (317 U. S. 49) had legal and historical significance as well as direct impact on the life of revolutionary leader Pedro Albizu-Campos and his life-long struggle for independence.

It is repeatedly mentioned in official correspondence by J. Edgar Hoover and many of his agents in Albizu’s FBI file, which Nelson Denis, author of a notorious book about Puerto Rico’s recent political history, insists is one of his main sources.

However, even though he is a graduate of Yale Law School and is known as a New York politician, Denis apparently failed to realize its important legal, political, and historical implications, for he does not mention it at all in his book or during his media tours.

See my discussion of this case and its significant implications in Albizu: Su persecución por el FBI.

……

This book is available at Librería Norberto González and from <http://www.lulu.com/shop/pedro-aponte-v%C3%A1zquez/albizu-su-persecuci%C3%B3n-por-el-fbi/ebook/product-17536539.html>.

Here is Braverman vs. U.S

Vea aquí, además: Opinión de un constitucionalista sobre Braverman vs. United States.

Me pregunto, 1

¿Qué propósito habrá animado al autor de War Against all Puerto Ricans a decir en ese libro que don Pedro Albizu Campos bebía ron?

Opinión de un constitucionalista sobre Braverman vs. United States

Por si Nelson Denis y los admiradores de su libro optan por dudar de que Braverman vs. United States tenga la importancia jurídica e histórica que le atribuyo, veamos lo que me dijo sobre el mismo el fenecido profesor de Derecho constitucional, distinguido constitucionalista y ex juez asociado del tribunal supremo de Puerto Rico Raúl Serrano Geyls en 18 de agosto de 1999 en respuesta a una consulta que le cursé el anterior 8 de junio. En la misma le mencionaba la opinión de la Corte Suprema de Estados Unidos y le preguntaba, “cuándo ―o al menos, para qué época― es que el Tribunal Supremo de Puerto Rico viene a tener conocimiento de la referida opinión. Dentro de ese contexto me pregunto si ya en Puerto Rico se sabía de la opinión allá para los años de 1951 y 52, cuando Albizu fue acusado y declarado culpable de doce casos de conspiración, por los que recibió sentencias consecutivas”. Luego de recuperarse de “serios percances de salud”, me dijo textualmente el profesor Serrano Geyls:

He leído el caso Braverman, el cual no conocía. No recuerdo que fuera citado por el Tribunal Supremo de Puerto Rico o por los tribunales federales en relación con los asuntos de Puerto Rico. No puedo medir los efectos de esa sentencia en las cuestiones jurídicas planteadas en los casos de los patriotas puertorriqueños con la precisión necesaria y en las circunstancias en las que me encuentro no me es posible estudiarlas. Me doy cuenta de su importancia histórica y jurídica y me alegra saber que usted las examinará a fondo.

Le deseo mucho éxito en sus investigaciones.

Cordialmente,

Raúl Serrano Geyls (firmado)

Serrano Geyls, Raúl, carta de, 18 agosto 1999, editada

 

Braverman vs. United States

Me parece muy extraño el hecho de que, a pesar de su condición de abogado, Nelson Denis ni siquiera mencione en War Against All Puerto Ricans el caso de Braverman vs. United States (317 U. S. 49).

Nadie que conozca al Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador con razonable profundidad y haya examinado detenidamente el expediente del FBI sobre Albizu puede evitar percatarse de las significativas implicaciones legales e históricas de la opinión del juez presidente de la corte suprema de Estados Unidos Harlan Stone en ese histórico caso ―aun sin haber estudiado Derecho. Las mismas afectaron directamente a Albizu e indirectamente el subsiguiente desarrollo de nuestra historia política, pues la opinión de Stone fue la causa de que Albizu pudiera salir de la cárcel de Atlanta sin aceptar condiciones, permanecer en Nueva York a su antojo y regresar cuando lo estimó prudente, todo ello sin que el Juez Robert Cooper le revocara la libertad condicional de cuatro años que le impuso además de los seis de prisión.

Por si fuera poco, el hecho de que el presidente Franklin Roosevelt evitara la publicación de la opinión, cosa que rutinariamente hacen periódicos como The New York Times además de la propia Corte, propició el que acá en la colonia encarcelaran a Albizu por doce distintas conspiraciones bajo la infame ley de “La Mordaza” cuando, en armonía con esa opinión, sólo se le podía condenar por una. El hecho de ocultar dicha opinión causó que Albizu permaneciera en Estados Unidos y se instalara en Nueva York en lugar de regresar a Puerto Rico cuando se suponía que lo hiciera, en junio de 1943. Para entonces no había comenzado el fortalecimiento del Partido Popular ni había surgido el Partido Independentista Puertorriqueño.