BRAVERMAN v. UNITED STATES

The opinion of the U. S. Supreme Court in Braverman v. United States (317 U. S. 49) had legal and historical significance as well as direct impact on the life of revolutionary leader Pedro Albizu-Campos and his life-long struggle for independence.

It is repeatedly mentioned in official correspondence by J. Edgar Hoover and many of his agents in Albizu’s FBI file, which Nelson Denis, author of a notorious book about Puerto Rico’s recent political history, insists is one of his main sources.

However, even though he is a graduate of Yale Law School and is known as a New York politician, Denis apparently failed to realize its important legal, political, and historical implications, for he does not mention it at all in his book or during his media tours.

See my discussion of this case and its significant implications in Albizu: Su persecución por el FBI. 

……

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Here is Braverman vs. U.S

Vea aquí, además: Opinión de un constitucionalista sobre Braverman vs. United States.

Me pregunto, 1

¿Qué propósito habrá animado al autor de War Against all Puerto Ricans a decir en ese libro que don Pedro Albizu Campos bebía ron?

Opinión de un constitucionalista sobre Braverman vs. United States

Por si Nelson Denis y los admiradores de su libro optan por dudar de que Braverman vs. United States tenga la importancia jurídica  e histórica que le atribuyo, veamos lo que me dijo sobre el mismo el fenecido profesor de Derecho constitucional, distinguido constitucionalista y ex juez asociado del tribunal supremo de Puerto Rico Raúl Serrano Geyls en 18 de agosto de 1999 en respuesta a una consulta que le cursé el anterior 8 de junio. En la misma le mencionaba la opinión de la Corte Suprema de Estados Unidos y le preguntaba, “cuándo ―o al menos, para qué época― es que el Tribunal Supremo de Puerto Rico viene a tener conocimiento de la referida opinión. Dentro de ese contexto me pregunto si ya en Puerto Rico se sabía de la opinión allá para los años de 1951 y 52, cuando Albizu fue acusado y declarado culpable de doce casos de conspiración, por los que recibió sentencias consecutivas”. Luego de recuperarse de “serios percances de salud”, me dijo textualmente el profesor Serrano Geyls:

He leído el caso Braverman, el cual no conocía. No recuerdo que fuera citado por el Tribunal Supremo de Puerto Rico o por los tribunales federales en relación con los asuntos de Puerto Rico. No puedo medir los efectos de esa sentencia en las cuestiones jurídicas planteadas en los casos de los patriotas puertorriqueños con la precisión necesaria y en las circunstancias en las que me encuentro no me es posible estudiarlas. Me doy cuenta de su importancia histórica y jurídica y me alegra saber que usted las examinará a fondo.

Le deseo mucho éxito en sus investigaciones.

Cordialmente,

Raúl Serrano Geyls (firmado)

Serrano Geyls, Raúl, carta de, 18 agosto 1999, editada

 

Braverman vs. United States

Me parece muy extraño el hecho de que, a pesar de su condición de abogado, Nelson Denis ni siquiera mencione en War Against All Puerto Ricans el caso de Braverman vs. United States (317 U. S. 49).

Nadie que conozca al Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador con razonable profundidad y haya examinado detenidamente el expediente del FBI sobre Albizu puede evitar percatarse de las significativas implicaciones legales e históricas de la opinión del juez presidente de la corte suprema de Estados Unidos Harlan Stone en ese histórico caso ―aun sin haber estudiado Derecho. Las mismas afectaron directamente a Albizu e indirectamente el subsiguiente desarrollo de nuestra historia política, pues la opinión de Stone fue la causa de que Albizu pudiera salir de la cárcel de Atlanta sin aceptar condiciones, permanecer en Nueva York a su antojo y regresar cuando lo estimó prudente, todo ello sin que el Juez Robert Cooper le revocara la libertad condicional de cuatro años que le impuso además de los seis de prisión.

Por si fuera poco, el hecho de que el presidente Franklin Roosevelt evitara la publicación de la opinión, cosa que rutinariamente hacen periódicos como The New York Times además de la propia Corte, propició el que acá en la colonia encarcelaran a Albizu por doce distintas conspiraciones bajo la infame ley de “La Mordaza” cuando, en armonía con esa opinión, sólo se le podía condenar por una. El hecho de ocultar dicha opinión causó que Albizu permaneciera en Estados Unidos y se instalara en Nueva York en lugar de regresar a Puerto Rico cuando se suponía que lo hiciera, en junio de 1943. Para entonces no había comenzado el fortalecimiento del Partido Popular ni había surgido el Partido Independentista Puertorriqueño.

El Mago de las Falacias

Nelson Denis, el Mago de las Falacias, difama abiertamente a Albizu, pero a muchos no les importa porque, después de todo, dice algunas cosas que les gustan –aunque no sepan si son ciertas o no o si sólo lo son a medias.

Otra falacia de Nelson Denis

He aquí las páginas 129 y 130 a las que aludí ayer. Obsérvese que, además de poner a Albizu a arrastrarse por el piso para luego aceptar ser objeto de una broma vulgar y ser parte de la misma, al autor nada le importó que don Pedro nunca tomaba bebidas alcohólicas y aquí se antoja de decir que cuando éste se sentaba en la barbería Salón Boricua para recortarse se daba un palo de ron. ¿A cuenta de qué le confiere el independentismo del país a este otro Nelson el privilegio de retorcer de tal modo nuestra Historia y la persona misma de un prócer?

Denis, pág. 129Denis, pág. 130

Ofensa a la memoria de Albizu

Veamos algo que les dejará una idea retorcida sobre el carácter de Albizu a los lectores que no conozcan al prócer.

Relata Nelson Denis en su libro que, en la barbería Salón Boricua, la que alega sin prueba alguna que Vidal Santiago heredó de José “Águila Blanca” Maldonado, Albizu entraba en el inodoro con el propósito de sostener reuniones clandestinas, para lo que contaba con cinco minutos desde que entraba, y que una vez allí, ―dice Denis textualmente―: Albizu would remove a false panel, climb over some plaster, and crawl into the next-door apartment at 353 Calle Colton. He would talk for three minutes to Raimundo Díaz Pacheco, Blanca Canales, and other top lieutenants of the Nationalist Party. Then he would scramble back into the Salón Boricua bathroom and flush the toilet.

“Did an agent wipe your ass?” Vidal would ask.

“He tried to.” Albizu would say, and everyone would laugh uproariously. (págs. 129-130).

¿A qué mágica obra de manipulación sin precedentes podríamos atribuir el que seguidores, admiradores y hasta discípulos de don Pedro Albizu Campos acojan con regocijo y admiración a quien de modo tan desvergonzado se expresa sobre uno de nuestros más atropellados próceres y encima sin fundamento alguno?

“¿Sin fundamento alguno?” ―se preguntará alguien.

Sí, sin fundamento alguno porque, fiel a su estilo de narrar la Historia con falacias, exageraciones y distorsiones, Denis dice que ese breve intercambio ocurría entre Albizu y unos veteranos del Regimiento 65 de Infantería que solían pasar el rato en el Salón Boricua, así como en presencia de clientes de Vidal Santiago y de otros barberos. ¿Quiénes fueron esos veteranos del 65 de Infantería? ¿Quiénes fueron esos clientes? ¿Quiénes fueron esos otros barberos? Él no lo dice y nadie nunca lo sabrá. Mi apuesta es que sólo existen en la imaginación de ese derrotado político de Nueva York que por motivos todavía desconocidos ha optado por asumir el papel de historiador aunque sea de cartón. Desconocemos, además, por qué motivos este boricua de nuevo cuño optó por involucrar al 65 de Infantería en esa absurda y vulgar desfachatez.

En fin, uno esperaría que al menos los discípulos del Maestro hubieran condenado públicamente ese ultraje a su memoria, pero parecen estar todavía bajo otro embrujo de otro Nelson en nuestra Historia.

 

Antonio Denis Jordán was not deported, according to the U. S. Government

According to the Annual Report of the U. S. Immigration and 
Naturalization Service for 1963, he left the country upon 
learning that he was the subject of investigation under suspicion
of being a Cuban G-2 agent:

 

“Investigation of Cuban refugees increased during this year. Under this pressure, a number of Cubans alleged to be subversive departed prior to the completion of the investigations. These included Jesus Alcala-Martinez and Vincent Luis Perez y Gonzalez, alleged propagandists for the Fair Play for Cuba Committee at Tampa, Fla. ; Antonio Denis- Jordan, suspected Cuban G-2 agent in New York City, and Ignacio Fernandez-Sanchez, an alleged Castro agent in Bridgeport, Conn.”


Quoted from:

http://archive.org/stream/annualreportofim1963unit/annualreportofim1963unit_djvu.txt


La nueva historia independentista

Ha quedado establecido dentro del independentismo boricua en esta etapa del nuevo siglo que aunque una narración sobre nuestra historia contenga serias omisiones, graves falacias y deplorables exageraciones, será aceptable como instrumento didáctico y de concienciación ideológica siempre y cuando –oíd bien– siempre y cuando contenga abundantes datos agradables aderezados con algunas verdades sensacionales.

EL ATAQUE NACIONALISTA A LA FORTALEZA

Prefacio del libro El ataque nacionalista a la fortaleza 

Este trabajo esté dividido en tres partes precedidas de un breve trasfondo y seguidas de un apéndice. En la Primera Parte presento dos de los interrogatorios a los cuales fue sometido Gregorio (“Goyito”) Hernández Rivera mientras convalecía en el Hospital Municipal de San Juan tras recibir unos 26 impactos de balas en su enfrentamiento con las fuerzas de seguridad que custodiaban La Fortaleza. De los cinco comandos Nacionalistas que entraron en los predios  de la mansión ejecutiva, “Goyito” fue el único que sobrevivió.[1]

El contenido de los dos interrogatorios ha sido reproducido tal cual aparece en las fuentes originales, que son fotocopias de copias al carbón bajo la custodia del Archivo Nacional de Puerto Rico (todavía mal llamado Archivo General). En esta ocasión,  no obstante, he ajustado la ortografía de entonces a las normas de hoy en lo concerniente a la acentuación de los monosílabos, pero sin corregir algunas expresiones y usos que, aunque erróneos antes y hoy, le transmiten al lector rasgos relevantes de quien los usa.

La Segunda Parte es una versión abreviada de la transcripción de una entrevista grabada que sostuvo con “Goyito” el licenciado José Enrique Ayoroa Santaliz el 15 de septiembre de 1984, casi  34 años después de los hechos. Las mismas constituyen su mejor recuerdo de los verdaderos hechos.

Ayoroa Santaliz comenzó a conocer desde niño el quehacer patriótico del Partido Nacionalista-Movimiento Libertador, gracias a su tío Enrique Ayoroa Abreu, otro de los Nacionalistas encarcelados por su ideología independentista. Hoy día, Ayoroa Santaliz es un ferviente estudioso de Ia vida de don Pedro Albizu Campos y del Nacionalismo puertorriqueño así como de otros aspectos de la historia de Puerto Rico.

La Tercera Parte alude a los testimonios de Gregorio Hernández y del periodista Carlos Nieves Rivera en relación con la muerte de Domingo Hiraldo Resto y a la razón por la cual este autor concluye que su muerte fue un vil asesinato.

El apéndice tiene el propósito de proveer algunos indicios del contexto histórico según lo reflejan informaciones de los diarios El Mundo y El Imparcial de octubre de 1950.

En la medida posible he incluido notas al calce con el propósito de clarificar o ampliar el contenido de los testimonios. He utilizado para ello información obtenida de Nacionalistas y de personas que estuvieron íntimamente relacionadas con “Goyito”, documentos del gobierno colonial de Puerto Rico, una entrevista que sostuvo con “Goyito” la periodista, historiadora y educadora Miñi Seijo Bruno en el año de 1976 para el semanario Claridad, mi propia entrevista con Jesús Pomales en su residencia en Juncos el 5 de julio de 1999 y el Álbum histórico de Ponce de Luis Fortuño Janeiro.

Sin la entrevista que Ayoroa Santaliz realizó en el año de 1984 “para el futuro”y que patrióticamente me autorizó a divulgar, habrían sido muchas las interrogantes que jamás habríamos podido contestar en torno al histórico ataque Nacionalista a La Fortaleza, pues en la misma “Goyito” dio información que retuvo en Ia de Seijo Bruno o cuya divulgación no autorizó entonces. Esto no significa, sin embargo, que todas las posibles interrogantes ya quedan contestadas. Existen dudas, por ejemplo, en torno a si el ataque lo ordenó Albizu come presidente del partido, o Tomás López de Victoria como comandante supremo del ejército libertador o Raimundo Díaz Pacheco como comandante de la zona metropolitana de San Juan. No se sabe, además, si Díaz Pacheco, líder del grupo, tenía la opción de desistir del ataque si las condiciones no eran las apropiadas, como de hecho resultó ser. Verá usted que Díaz Pacheco, según el relato de Hernández Rivera, sí alteró el plan a última hora al percatarse de que las condiciones no eran propicias. Han surgido dudas, además, en torno a si Díaz Pacheco les ordenó a un grupo de Nacionalistas ubicarse en el sector de La Marina con el fin de constituir un grupo de apoyo para el ataque a La Fortaleza y si luego les ordenó desbandarse y regresar a sus hogares o si su misión era solamente la de atacar el edificio federal.

Lamentablemente, las fuentes documentales originadas en Ia división de espionaje político de la Policía de Puerto Rico sólo tienen Ia utilidad de servirle de guía al investigador que no peca de incauto, por lo que sus datos definitivamente requieren minuciosa corroboración de fuentes informadas y confiables. Esto, por supuesto, no resulta fácil. La dificultad reside principalmente en el hecho de que los Nacionalistas, por razón de una estricta disciplina y por lealtad hacia sus compañeros y compañeras, son muy renuentes a expresar lo que pudiera resultar en una versión distinta de la que ha sido históricamente establecida como Ia verdad de los hechos o que revele lo que sus camaradas han mantenido en confidencia. Tómese como ejemplo el hecho de que, cuando Seijo Bruno le preguntó a Gregorio Hernández durante la mencionada entrevista de junio de 1976 si recordaba a algunos de los Nacionalistas que acudieron a la casa de Raimundo Díaz Pacheco en la madrugada del 30 de octubre de 1950, su respuesta sin explicaciones fue “Esa  parte vamos a dejarla.”[2] Durante la entrevista con Ayoroa Santaliz en septiembre de 1984, reproducida aquí, Gregorio solamente mencionó a Jesús Pomales como uno de los que fueron ese día a la casa de Raimundo –si bien es cierto que Ayoroa no le preguntó quiénes habían ido.

El proceso de investigación no se facilita por el hecho de que algún testigo opte, en aras de la historia, por dar una versión distinta de Ia establecida, pues podrá surgir quien la rechace o la ponga en duda aun a sabiendas de que es la correcta. Aunque útil, la historia oral tiene siempre la enorme desventaja de depender de la memoria de quienes la cuentan y los hechos pertinentes al Nacionalismo puertorriqueño datan ya de varias décadas.

Finalmente, he optado por agregar una tercera parte con el propósito primordial de llevar ante la atención de las nuevas generaciones las circunstancias en las que un agente policial, le dio muerte al patriota Domingo Hiraldo cuando ya éste se encontraba herido y fuera de combate. Esto es un hecho que el periodista Carlos Nieves Rivera y el detective Carmelo Dávila presenciaron desde la azotea de La Fortaleza y que, además, Gregorio Hernández lo mencionó durante su testimonio ante el fiscal Guillermo A. Gil Rivera. Sin embargo, todo parece indicar que este hecho nunca fue investigado.

[1]. En su Historia militar de Puerto Rico, publicada por el Instituto de Cultura de P. R., Héctor Andrés Negroni afirma erróneamente que en el ataque a La Fortaleza murieron “todos” los Nacionalistas que participaron (pág. 455). Véase: P. Aponte Vázquez, “El nacionalismo en nuestra historia militar”, Claridad, 23-29 abril 1993.

[2]. Miñi Seijo Bruno, La insurrección Nacionalista en Puerto Rico, 1950. Río Piedras: Editorial Edil, 1989, pág. 162.